El segundo tiempo de la oposición

Patricio Navia

La Tercera, febrero 5, 2012

 

Si no es capaz de demostrar unidad, disciplina y liderazgo, la Concertación difícilmente volverá al poder. La estrategia del desalojo sólo funcionará si la gente cree que un próximo gobierno de la Alianza sería peor que el retorno de la Concertación al poder. De ahí que sea crucial corregir errores y enmendar caminos. De lo contrario, la Concertación tendrá un segundo tiempo tan decepcionante como sus dos primeros años en la oposición.

 

A diferencia de lo que ocurre en los partidos de fútbol, el primer tiempo de este cuatrienio terminó con los dos equipos en la cancha como perdedores. Las evaluaciones negativas sobre el desempeño del primer gobierno de derecha son compartidas incluso por partidarios del gobierno. Después de prometer que sería el mejor gobierno en el Chile reciente, la administración Piñera lucha por no pasar a la historia como el gobierno más discreto desde el retorno de la democracia. Pero los tropiezos del gobierno no debieran hacernos olvidar que la Concertación parece destinada a ser la peor oposición desde el retorno de la democracia.

 

Aunque el concepto de segundo tiempo ha sido abusado por los voceros de La Moneda—la primera vez que se utilizó no habían transcurrido ni siquiera seis meses desde la toma de posesión—los tiempos de los gobiernos sí están definidos por el calendario electoral. Formalmente, la mitad del periodo llegará el próximo once de marzo. Pero ya quedan menos días efectivos de gobierno de los que ya pasaron. En dos años más, Chile tendrá nuevo presidente electo. En menos de un año—apenas se conozcan los resultados de la elección municipal—estaremos con la campaña presidencial desatada.

 

El mismo calendario electoral ejerce presión sobre la oposición. Hace cuatro años, la Concertación parecía presa de las maniobras del popular ex Presidente Ricardo Lagos, quien terminó condicionando su candidatura presidencial a que los partidos le dieran poder para influir en la lista de candidatos al parlamento de la coalición. Su candidatura se frustró y la Concertación entró en una crisis que terminó con su primera derrota en contiendas presidenciales. Hoy, el liderazgo concertacionista parece estar a la espera de lo que hará la popular ex Presidenta Michelle Bachelet. Nadie sabe cuándo volverá y qué condiciones pondrá para ser candidata.

 

Mientras tanto, se acaba el tiempo para que la Concertación establezca un proceso de selección de candidato. La proliferación de aspirantes presidenciales concertacionistas y en las sensibilidades de centro izquierda dificulta todavía más la delicada situación. Después de no querer establecer un mecanismo objetivo e imparcial cuando no había candidatos, la Concertación deberá negociar una forma de escoger candidato con calculadora en mano y con demasiados conflictos de interés entre los negociadores. Por no hacer la pega en el primer tiempo, la Concertación tiene que hacer su trabajo ahora contra reloj. El nerviosismo y las urgencias del calendario hacen más improbable que se produzca un final feliz.

 

Curiosamente, muchos parecen más preocupados de destacar los errores y retrasos del gobierno que en hacerse cargo del innegable hecho que el reloj también juega contra la Concertación. Si no se aboca a corregir errores en el segundo tiempo, la Concertación bien pudiera terminar perdiendo el partido tan decididamente que, al realizarse la comparación al final del cuatrienio, el gobierno del Presidente Piñera quede con una leve ventaja sobre la oposición.