Haciéndole la pega al adversario

Patricio Navia

La Tercera, enero 23, 2012

 

Sebastián Piñera y Carlos Larraín comparten el sueño de forjar una coalición moderada de gobierno que profundice el modelo económico y aísle a los partidos más extremistas. El principal beneficiario del acuerdo DC-RN es el propio Presidente Piñera. La movida de Larraín bien pudiera convertirse en el legado más importante, permanente y beneficioso de este gobierno. El objetivo de Piñera siempre fue crear una coalición mayoritaria centrista, que deje atrás la división dicotómica de la transición. Aunque la pega la empezó a hacer su principal adversario en RN, Piñera debiera aprovechar la oportunidad para dejar huellas profundas en el mapa político y social de Chile.

 

La histórica tensión entre las fuerzas liberales y conservadoras de RN adquirió ribetes de guerra civil, cuando el liberal Piñera llegó a La Moneda y el conservador Carlos Larraín retuvo la presidencia del partido. Ambos discrepan en su estilo de hacer política y en sus visiones de mundo. Piñera fue fuertemente influido por Harvard y su método científico, basado en datos y modelos económicos (nada es gratis en la vida). Larraín pertenece a la derecha tradicional terrateniente, adversa al cambio y dudosa de las influencias e ideas foráneas. Piñera es liberal, emprendedor y seducido por el riesgo. Larraín es conservador, temeroso de los cambios y averso al riesgo. Aunque sólo los separan siete años de edad, Larraín parece algo mayor que sus 69 años y Piñera se esmera en demostrar que a sus 62 todavía tiene la energía de un veinteañero.

 

En el papel, Larraín no debió ser contrapeso a Piñera en RN. El militante promedio de RN es más liberal que Larraín. Pero la disponibilidad del actual presidente a financiar campañas de militantes RN le han dado un apoyo enorme en el aparato del partido. A su vez, la percepción de que Piñera no ha sido suficientemente generoso en apoyar financieramente a candidatos del partido ha alimentado la creencia de que Larraín se la ha jugado más por el partido. 

 

La negociación con el PDC redundará en beneficios para RN. La UDI deberá ser dadivosa en las negociaciones para escoger los candidatos de la coalición en las próximas elecciones. Lo de Larraín es una advertencia a la pareja del acuerdo de vida en común de que el balance de poder debe cambiar (si la UDI amenaza -en vez de regalar flores y chocolates a RN-, las conversaciones RN-DC tomarán carices más serios). Ya que controla el partido, Larraín recibirá los beneficios, profundizando las lealtades que ya tiene en RN. Por eso, la disidencia de RN ha criticado el acuerdo. Ideológicamente, los disidentes RN deberían ser los más contentos con este giro hacia el centro. Pero como Larraín sale fortalecido, la disidencia RN ve alejarse la posibilidad de tomar el control del partido.

 

 

Por cierto, la DC también mejora su posición negociadora en la Concertación. De hecho, más que acercar a Chile a un improbable sistema semi-presidencial o al fin del binominal, el acuerdo fortalece la capacidad de negociación del PDC y RN en sus respectivas coaliciones, generando un espacio para el diálogo entre partidos de centro. Ahí aparece el tercer gran beneficiado. El Presidente Piñera ve fortalecida su propuesta inicial de una nueva derecha, que mire más al centro y desarrolle cercanía con el PDC. Aunque el costo de ese remezón a la arena política chilena sea el fortalecimiento de Larraín en RN, Piñera debería tomar ventaja de que una de las pegas más difíciles -y potencialmente más beneficiosa- de su gobierno la esté llevando a cabo precisamente su principal adversario en RN.