Encuesta CEP: Chile sí, políticos no

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 30, 2011

 

La encuesta CEP trajo dos noticias, una buena y una mala. La mala es que la aprobación y legitimidad de la clase política y de las instituciones democráticas siguen cuesta abajo en la rodada. La buena noticia es que, pese a las condiciones adversas y al mal año político, los chilenos siguen siendo razonables y moderadamente optimistas.

 

El 23% de aprobación presidencial es una balde de agua especialmente frío para un gobierno que creía haber capeado la tormenta. El 62% de rechazo es el peor nivel que ha tenido presidente alguno desde el retorno de la democracia.

 

El nombramiento de un nuevo ministro de Educación refleja tanto el alto costo que ha significado el movimiento estudiantil para el gobierno como los nubarrones que se anticipan para el fin del verano, cuando se reinicien las clases. Pero esta baja aprobación presidencial bien pudiera presagiar que el gobierno ya tocó fondo. No parece imposible aspirar a una aprobación cercana a la votación que obtuvo Piñera en primera vuelta, lo que le permitiría al gobierno respirar mucho más tranquilo.

 

Los simpatizantes del gobierno subrayan que la aprobación de toda la clase política es baja. Sólo un 18% aprueba el desempeño de la oposición. Pero la aprobación al desempeño de la oposición ha estado en torno a un 25% desde 2004. Ha empeorado la evaluación del desempeño de la Concertación y de la Coalición por el Cambio, pero la aprobación de Piñera ha caído mucho más.

 

Las razones que explican la negativa evaluación que tienen los chilenos del gobierno y de la clase política-que además se extiende a otras instituciones del Estado y de la sociedad civil-están más ligadas a su desempeño que a la economía y la dirección en la que avanza el país.

 

La percepción sobre la situación económica actual ha empeorado levemente  -por los nubarrones que se observan en el mundo. Pero la percepción sobre lo que se viene es más positiva y neutra que negativa. Los que creen que el país progresa (28%) son el doble de los que piensan que está en decadencia (15%), aunque siguen siendo más los que ven señales de estancamiento (55%).

 

Los chilenos muestran altos niveles de frustración con el proceso político y con su elite gobernante. Los niveles de preocupación (48%), enojo (43%) e indignación (39%) superan con creces a los niveles de esperanza (26%) y orgullo (19%). Así y todo, los chilenos que no están asustados (46%) superan ampliamente a los que sí lo están (26%).

 

Como pasajeros de un avión que atraviesa por turbulencias por culpa del mal manejo de sus pilotos, los chilenos no creen que el avión corra riesgos de caerse. Pero sí les preocupa que la tripulación pudiera no saber enfrentar adecuadamente los desafíos. Hay más frustración que desencanto.

 

Es manifiesta la percepción de que Chile es un país desigual que no otorga suficiente protección ni derechos a sus habitantes. Pero también es evidente que los chilenos quieren que los procesos de cambio social sean pacíficos, negociados y graduales. El 79% rechaza las marchas por lugares no autorizados y el 60% rechaza las tomas de colegios y universidades. Los chilenos quieren soluciones, no confrontaciones.

 

Dado que hay discrepancias sobre la gratuidad de la educación y el rol de los privados en los colegios -aunque mucho apoyo a que se cumpla la ley que prohíbe las universidades con fines de lucro-, el mandato a todos los involucrados es a negociar, no a imponer unilateralmente sus posiciones.

 

La encuesta CEP es una mala noticia para la clase política chilena. Y es especialmente dura para el gobierno. Pero no debiéramos equivocadamente suponer que Chile está entrando a una crisis. Naturalmente, si la tripulación -de gobierno y oposición- son incapaces de guiar al país fuera de la turbulencia actual, la situación empeorará. Pero no hay que confundirse; hoy por hoy, la salud del paciente es mejor que la del médico.