Estudiantes unidos avanzan sin partidos

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 8,2011

 

La derrota de Camila Vallejo representa un triple golpe para el movimiento estudiantil. Primero, se debilita la vocera más popular de los estudiantes. Segundo, la elección FECH refleja un giro a la izquierda que anticipa una mayor radicalización del movimiento.  Tercero, la intención de catalizar profundos cambios sociales choca contra la incapacidad de los líderes de poner de lado sus agendas personales.

 

Si fuera un curso de estrategia de mercadeo, los estudiantes de la U de Chile reprobaron al reemplazar a la popular presidenta de la FECH por un líder que levantó una candidatura a partir de la imputación de que Camila no era de la izquierda correcta. El éxito del movimiento no radicó en la legitimidad de sus demandas—similares demandas legítimas existen en reivindicaciones en la salud o en los pueblos originarios.  El movimiento conectó con el sentir nacional en buena medida porque tuvo una figura que capturó la imaginación de la gente. Al prescindir de Camila, la FECH deja ir una poderosa arma en la disputa mediática con el gobierno y con otros grupos de interés en el debate educacional. 

 

La militancia de Vallejo en el PC y su disposición a negociar con los partidos políticos en el Congreso le pasó la cuenta. Vallejo perdió por moderada, no por comunista. Por eso el nuevo liderazgo de la FECH es catalogado como ultra (aunque haya otros que lo son aún más). El sentir prevalente de los estudiantes se refleja en el slogan de “el pueblo unido avanza sin partidos.”  Además de que la última vez que la frase se popularizó, Chile experimentó una regresión autoritaria y el pueblo sufrió un retroceso en sus libertades y calidad de vida, es erróneo suponer que se puede hacer política sin partidos. Sin partidos, la única opción posible es el populismo. Por cierto, los líderes autoritarios y populistas siempre rechazan el eje derecha-izquierda.  Al sugerir que la división Alianza-Concertación ya no representa a Chile, la nueva dirigencia FECH no dice nada nuevo. Pero al creer que se puede construir democracia sin partidos, la dirigencia estudiantil abre la ventana a una irrupción populista.

 

Es difícil entender por qué la izquierda se dividió en tantas listas y porqué los grupos que promueven la democracia participativa y la inclusión son incapaces de ponerse de acuerdo. No basta con alegar que tradicionalmente la izquierda en la FECH ha sido así. Si quieren cambiar el país, primero van a tener que ponerse de acuerdo entre ellos. La votación de la FECH reflejó una preocupante tendencia a la polarización. Cualquier líder que negocie con el gobierno es catalogado de traidor. Así, el movimiento pasará a la historia como ideológicamente puro, pero poco efectivo. Al buscar la revolución, perderá la opción de influir en cambios graduales y concretos en la dirección correcta.

 

La disputa en 2012 no será ver quién saca más gente a la calle, sino quién es capaz de convertir las demandas y movilizaciones en reformas razonables, concretas y conducentes a ampliar el acceso a una educación de calidad, aumentar los recursos públicos y focalizarlos dónde más se necesitan.  El obstinado voluntarismo de pensar que este movimiento será diferente a todos los anteriores y que ahora sí se va a reinventar la rueda ha llevado a la Universidad de Chile a votar un resultado que es difícil de entender para una opinión pública que, sin estar demasiado informada, apoya el movimiento tanto por sus demandas como por la unidad que mostraba bajo el liderazgo de Camila Vallejo.