¿Y si no regresa?

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 4, 2011

 

Si bien el escenario de que Michelle Bachelet no sea candidata presidencial es improbable, resulta riesgoso que la Concertación no considere esa eventualidad. Porque ya existe el precedente del anticipado, pero nunca concretado retorno de Lagos en 2009, hay que tener un plan B.

 

Siendo que Bachelet hoy por hoy es más que la suma de los partidos de la Concertación, los jerarcas concertacionistas son proclives a reemplazar al descolorido arcoíris con la imagen de la ex presidenta. Es cierto que el retorno de la figura maternal acompañada de todos los impopulares tíos constituye un pasivo. Pero los desaprobados familiares sólo pueden aspirar volver a la residencia de La Moneda escondiéndose detrás de la popular figura maternal.

 

Porque su candidatura es más importante para la Concertación que para la propia Bachelet, hay dudas sobre su disponibilidad a volver.  Afortunadamente para la Concertación, Bachelet es una comprometida militante de la izquierda socialista. Para evitar que los herederos ideológicos de la dictadura sigan en el poder, Bachelet mostrará la misma disciplina de cuadro socialista que la llevó a residir en Alemania Oriental y que la hizo arriesgar su propia vida para avanzar la causa de derrotar a la dictadura.  

Los silencios de Bachelet también alimentan las expectativas sobre su retorno. No sólo se ha negado a descartar su retorno, ha dado todas las señales de que se prepara para volver. Sus silencios han taponeado la aparición de nuevos líderes. El único aspirante declarado -su ex ministro Andrés Velasco- se ha apurado a señalar que si Bachelet vuelve, él declina su precandidatura. 

 

Pero la vida a veces da sorpresas. Si Bachelet no vuelve, la Concertación se verá en la obligación de encontrar, apresuradamente, un candidato alternativo. La experiencia de las primarias truchas de 2009 y la poca disposición actual entre la dirigencia concertacionista a formalizar e institucionalizar un mecanismo de primarias abiertas y competitivas constituyen malos síntomas. Sin reglas claras de primarias, los posibles aspirantes concertacionistas no se van a atrever a lanzarse a la piscina. 

 

La necesidad de incorporar a otras fuerzas y líderes de oposición es un obstáculo de difícil superación. Porque no tienen posibilidades de tener un candidato viable propio, el PC y los otros grupos de izquierda cambiarán sus candidaturas presidenciales simbólicas por cupos en la lista de candidatos concertacionistas al Congreso. Negociar con Enríquez-Ominami y su personalista partido PRO será más difícil. Si Bachelet no es candidata, ME-O tiene buenas posibilidades de ganar unas primarias de oposición, abiertas y vinculantes.

 

Para impulsar la refundación concertacionista, las primarias deberán ser de verdad, y abiertas a toda la oposición. Pero mientras más se demore la coalición en institucionalizarlas y definir el calendario, más difícil será que los tímidos aspirantes se conviertan en candidatos fuertes.

 

La convicción de que Bachelet es la mejor candidata ha llevado a la Concertación a poner todos sus huevos en la misma canasta. Sería más conveniente institucionalizar de una vez las primarias  definiendo desde ya las reglas y el calendario. Así, la Concertación no sólo tendría un útil plan B -en el improbable caso de que Bachelet no regrese-, sino que además comenzaría a construir un puente que permita la unidad de todas las fuerzas de oposición, requisito necesario para lograr el anhelo concertacionista de desalojar a la Alianza de La Moneda en noviembre de 2013.