La tentación kirchnerista

Patricio Navia

La Tercera, octubre 31, 2011

 

Después de aceptar a regañadientes el modelo social de mercado, una parte de la izquierda chilena aparece crecientemente seducida por el modelo proteccionista de la Argentina kirchnerista. Pero mientras los argentinos adoptaron su modelo cuando el anterior se derrumbó, la opinión pública chilena parece más inclinada a corregir la economía de mercado, que apoyar a paladines que prometen cambios revolucionarios con destino incierto.

 

La avasalladora victoria de Cristina Fernández se construyó a partir de un modelo proteccionista que convierte al Estado en motor del desarrollo y garante de la igualdad a través de la provisión de servicios públicos -educación, salud, vivienda o transporte aéreo. Las contradicciones de mediano plazo del modelo amenazan su estabilidad. Los problemas se evidencian en galopante inflación y demanda por dólares. Pero aunque el avión se vaya a quedar sin gasolina, la tripulación de la Casa Rosada distribuye alimentos a una población convaleciente de la crisis del 2001.

 

Igual que un paciente que toma sólo la mitad de las pastillas recetadas, la Argentina de los 90 adoptó sólo algunos preceptos del libre mercado. Los resultados fueron predeciblemente catastróficos. Pero la economía de mercado igual fue satanizada como responsable por la crisis de 2001.

 

En Chile, en cambio, las políticas fiscales responsables produjeron resultados notables. Superó a Argentina en niveles de desarrollo y reducción de la pobreza. Es verdad que Argentina ha crecido más rápido los últimos años, en gran medida, producto de ventajosos términos de intercambio -el precio de la soya ha llegado a niveles más altos, comparativamente, que el cobre. Pero así como una familia con negocio en una ciudad de veraneo puede irresponsablemente gastar más en temporada alta, Argentina ha dilapidado recursos en años de vacas gordas y está mal preparada para el invierno económico.

El modelo neoliberal -donde se enmarca nuestra economía social de mercado- busca proteger a los consumidores, promoviendo competencia y limitando el rol del Estado a nivelador de la cancha a través de regulación. Partiendo de la premisa de que las personas pueden decidir por sí mismas -para comprar un kilo de pan, la educación de sus hijos o cualquier bien de consumo-, los postulados neoliberales promueven la competencia. La mano invisible del mercado hará que los malos colegios desaparezcan, así como desaparecen las malas panaderías. En contraste, las políticas proteccionistas resultan atractivas por su acento en la economía doméstica. El modelo kirchnerista busca estimular el empleo. Ya que los consumidores primero deben ser trabajadores para poder consumir, los defensores del proteccionismo están dispuestos a que los ciudadanos paguen más caro por los productos para así proteger el empleo nacional.

 

En el pasado, el modelo proteccionista demostró ser ineficiente y conducente a mayor desigualdad. Las diferencias entre el sector formal y el informal exacerbaron la inequidad. Los grupos de presión -en sindicatos y productores industriales- coadyuvaron a estancar la productividad. En la Argentina de hoy, el oficialismo se apura en argumentar que esta vez las cosas serán diferentes, que los términos de intercambio seguirán positivos y que el gobierno será capaz de frenar el gasto público y reducir los subsidios. Desconociendo lo difícil que es arrebatar a la gente derechos ya adquiridos, el modelo argentino se construye a partir del voluntarismo político.

 

El entusiasmo ante el modelo argentino en algunos sectores de izquierda -nostálgicos del modelo desarrollista de los 60- tiene dos problemas. Primero, la economía social de mercado en Chile no ha colapsado. De hecho, ha generado más desarrollo e inclusión que nunca antes. Los chilenos quieren mejor regulación y más competencia, pero no parecen inclinados a tirar el modelo social de mercado a la basura. Construir plataformas electorales que prometan cambiar -no reformar- el modelo es receta para el fracaso. Segundo, el éxito temporal de la política económica argentina depende de las condiciones económicas externas.

 

Los cantos de sirena hacen pensar a algunos en la izquierda chilena que Cristina ha encontrado una milagrosa vía argentina al desarrollo. Pero el proteccionismo constituye una mala propuesta de políticas públicas y además, es malo como estrategia política electoral. Por su bien electoral, la izquierda chilena debiera resistir a la tentación de abrazar políticas proteccionistas.