Fin del binominal

Patricio Navia

La Tercera, octubre 11, 2011

 

Aunque no es la primera vez desde el retorno de la democracia que se anuncia una inminente reforma al sistema electoral, hay buenas razones para creer que ahora sí hay agua en la piscina. La debilidad del gobierno, la creciente deslegitimización de la clase política y el progresivo deterioro de las relaciones al interior de las coaliciones aumentan las posibilidades de que se introduzcan cambios al sistema electoral.

 

Con sus indiscutibles fortalezas (induce a la formación de coaliciones) y sus igualmente evidentes debilidades (limita la competencia entre bloques, induciendo un duopolio), el sistema binominal se mantiene como uno de los legados instituciones más controvertidos del régimen militar. Es cierto que no tiene sentido que una democracia destruya puentes o elimine caminos sólo porque fueron construidos por una dictadura, pero es necio ignorar la legitimidad de origen del binominal.

 

Aunque muchos estén abiertos a reformarlo (o incluso abolirlo), hay dos poderosas razones que han mantenido incólume al binominal. Primero, los propios parlamentarios que fueron electos con el sistema son los llamados a matar a sus personales gallinas de los huevos de oro. De ahí que sus más acérrimos detractores trepiden en sus intentos por impulsar la reforma al sistema electoral, especialmente ya que no constituye una prioridad en la opinión pública.  

 

Pero el principal problema que explica la obstinada subsistencia del binominal son los desacuerdos respecto a qué sistema electoral debiera tener Chile. No basta con pedir el fin del binominal.  Porque la democracia precisa que haya algún sistema electoral, corresponde explicitar qué sistema alternativo se apoya.  Por cierto, todos los sistemas electorales distorsionan la forma en que los votos se convierten en escaño. No hay sistema electoral perfecto (y no hay país donde sin grupos que demandan cambios al sistema electoral). 

 

Por eso, aunque haya un acuerdo para una reforma, hay discrepancias entre los que quieren un sistema levemente más proporcional, los que quieren proporcionalidad multipartidista, los que sólo quieren sumar 30 diputados y 12 senadores electos en distritos nacionales o “des-binominalizando” solo parte del país, y los que quieren un sistema uninominal o mixto, como el alemán. El horno puede estar listo, pero no hay acuerdos sobre qué tipo de bollos.

 

En el Chile concertacionista siempre se imponían las reformas graduales y pragmáticas. Pero bajo la conducción de Piñera, los espacios de diálogo se han restringido y tanto gobierno como oposición han demostrado menos capacidad de alcanzar acuerdos. De ahí que parece improbable que se produzcan avances en un tema donde hay tantos intereses cruzados. Aunque las desfavorables condiciones sociales pudieran llevar a la Concertación y Alianza a creer que la única forma de salvar la gallina de los huevos de oro es metiéndola al quirófano, ya sea para cirugía estética o para trasformaciones más profundas.