La Resaca

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 13, 2011

 

Ahora que el movimiento estudiantil parece destinado a seguir el curso de todos los movimientos sociales -radicalizando sus posturas y perdiendo notoriedad en la agenda pública- la Concertación ha despertado con resaca. Era inevitable que el movimiento estudiantil golpeara duramente al gobierno. Pero sorpresivamente, también debilitó a la Concertación, que superó al gobierno en errores no forzados, y alimentó dudas sobre su capacidad para volver a garantizar la gobernabilidad en caso de que vuelva al poder en 2014.

 

Cuando el movimiento estudiantil demostró su mayor fuerza, con evidente apoyo popular a un mayor acceso a educación de calidad, la Concertación pareció embriagarse con la gente en las calles y olvidó que la tarea de la oposición es canalizar y representar el descontento de la ciudadanía. Muchos de sus líderes celebraron desde las tribunas la fuerza del movimiento.

 

Varios otros intentaron subirse al carro de las marchas, aunque fuera en los últimos asientos.

 

Sin demasiada reflexión, la Concertación hizo suya la agenda del movimiento, impulsando proyectos de ley que recogían los planteamientos de los estudiantes y demandando reformas a políticas públicas que la propia Concertación diseñó, implementó y defendió cuando fue gobierno. Desde el fin del lucro hasta la demonización del financiamiento compartido y del crédito con aval del Estado (dos reformas de autoría concertacionista), los partidos de centroizquierda no trepidaron en abrazar una agenda que rechazaba mucho de lo que  la Concertación  hizo cuando  fue  gobierno.  El propio  Presidente  Lagos   -que gallardamente dio la cara la noche de la derrota de 2010- renegó de su propio legado. Después de poner su firma a la Constitución de Pinochet, reformada y democratizada en 2005, Lagos sorprendió a la plaza al criticar los logros de su propio gobierno. Además de incumplir su papel de liderar la oposición -cuestión que por varias semanas estuvo en manos de la presidenta de la Fech Camila Vallejo- los partidos de la Concertación también parecieron olvidar que lo suyo es hacer política, no marchar en las calles.

 

Cuando más ímpetu tenía el movimiento, más irresponsable se volvió la bancada concertacionista, rechazando negociar con La Moneda y demandando que los acuerdos para nuevas leyes se hicieran con los estudiantes y no en el Poder Legislativo.

 

A un año de la inscripción de candidatos para las municipales de 2012, la Concertación no tiene mecanismo democrático para escoger a sus abanderados. Es hoy menos de lo que era en 2008, cuando por primera vez cayó derrotada. Dado que la impopularidad del gobierno abre una oportunidad para una derrota de la Alianza en 2012, sorprende que la Concertación no aproveche la oportunidad de construir puentes con el resto de la oposición y busque articular propuestas coherentes para conquistar el mayoritario voto moderado. Confundida en la resaca de las marchas, la Concertación aparece todavía más golpeada que el propio gobierno por la sorpresiva fuerza que demostró el movimiento estudiantil.