¿Una revolución diferente?

Patricio Navia

La Tercera, agosto 28, 2011

 

El voluntarismo o la mala memoria llevan a algunos a pensar que el movimiento social nacido en pro de un acceso más igualitario a educación de calidad puede aspirar a seguir una trayectoria distinta que la de otros movimientos sociales que hemos tenido en Chile u otras partes del mundo. Como los terremotos o huracanes, las características de los movimientos sociales tienden a asemejarse, aunque haya algunas diferencias en su magnitud, intensidad y duración. A menos que este movimiento social capitalice pronto su fuerza en avances concretos, su influencia disminuirá por el agotamiento de la opinión pública, la radicalización de las demandas de sus líderes y porque otros inconformes buscarán subirse a la ola del movimiento con otras demandas, reclamos o exigencias. 

 

Aunque los líderes de todo movimiento social siempre buscan diferenciarse de los anteriores, hay ciertos patrones que terminan por imponerse. Primero, la atención de la opinión pública nunca permanece mucho tiempo en un mismo asunto. Nuevas noticias siempre desplazan a las anteriores. Inevitablemente, los protagonistas pasan por un período de popularidad que es seguido por otro de cuestionamientos. Así como los presidentes gozan de luna de miel, los líderes de los movimientos sociales también disfrutan de un primer amor que luego da lugar a un aterrizaje forzoso en la realidad cotidiana. El hecho de que haya durado tanto este movimiento tiene más que ver con los errores estratégicos y tácticos del gobierno que con los atributos propios de sus hábiles líderes. No hay nada más útil que un gobierno que reacciona apresuradamente anunciando tres paquetes de medidas distintas. Pero incluso cuando enfrentan a un gobierno inhábil, los movimientos sociales igual terminan por cansar a una opinión pública desatenta y dispersa.  

 

Los líderes también tienden a sobreestimar su fuerza. La presión de grupos extremos lleva a líderes razonables a radicalizar sus demandas.  Eso contribuye a disminuir el apoyo popular y a ampliar tanto el pliego de peticiones que la gente finalmente no sabe por qué se está protestando. La amplitud de las demandas hace más fácil que la contraparte pueda negociar con grupos específicos.

 

Suponer que este movimiento no seguirá el mismo camino que los anteriores solo refleja la mala calidad de la educación que recibe un porcentaje demasiado alto de chilenos.