¿Descontento o ansiedad?

Patricio Navia

La Tercera, agosto 24, 2011

 

Aunque las marchas—con sus expresiones de participación ciudadana y también de violencia—dominen el debate público, afortunadamente hay encuestas que permiten saber lo que realmente piensa la gente. Después de todo, la gran mayoría de los chilenos no participan en marchas de rechazo o apoyo al gobierno de turno. Más que descontento, las encuestas muestran niveles de satisfacción razonable y expectativas relativamente altas respecto al futuro. También muestran un creciente rechazo a la clase política.

 

De acuerdo a la última encuesta CEP, un 31.7% de las personas cree que Chile está progresando, un 53.6% cree que está estancado y un 11.9% piensa que está en decadencia. Si bien los que creen que el país progresa (31.7%) son menos que hace un año, y menos que el promedio histórico desde 1990 (46%), la cifra es similar a la de julio de 2001, a un año y medio de iniciado el gobierno de Lagos. 

 

La obstinada desigualdad en el país queda en evidencia en las encuestas. Dos de cada tres personas del ABC1 creen que el país progresa. Pero ese porcentaje sólo llega al 27% en el  C3, D y E. En esos grupos, un 56% cree que el país está estancado.   

 

A su vez, hay más chilenos que creen que su situación económica personal en un año más será mejor (40%) que los que piensan que empeorará (8.9%). El optimismo es mayor en todos los grupos de edad y económicos. El porcentaje de optimistas hoy es similar al observado a un año y medio de iniciado los gobiernos de Lagos y Bachelet. Como ya es costumbre en encuestas en el Chile democrático, el optimismo también se distribuye desigualmente. Mientras menos ingresos, más alto el porcentaje que ve el futuro gris. 

 

Los chilenos siguen viendo a la delincuencia, educación y salud como las principales tareas de gobierno. Respecto al promedio histórico desde 1990, el empleo y la pobreza preocupan hoy menos, la delincuencia y la salud están igual que en estos últimos 22 años, y la educación tiene hoy más peso entre las preocupaciones de los chilenos que nunca antes desde el retorno de la democracia.

 

Desde el retorno de la democracia, nunca un presidente tuvo aprobación presidencial tan baja en la primera mitad de su periodo. Los chilenos reprueban el desempeño del Presidente Piñera y de toda la clase política. Pero son bastante más optimistas sobre la dirección en que avanza el país y sobre su propio futuro personal.

 

Para la clase política, pareciera ser que las únicas opciones son estar con el paro y contra el gobierno o contra el paro y a favor del gobierno. Pero la lógica de estar con Dios o el Diablo es una falsa dicotomía. Los chilenos están preocupados de la educación—de calidad y acceso igualitario—y quieren que el gobierno lo convierta en una primera prioridad.  Pero son también optimistas y confían en el futuro. Mientras la clase política se ha polarizado, la opinión pública sigue siendo mucho más razonable y moderada.

 

El paro es un síntoma del problema de Chile hoy, contar con una clase política que parece desconocer la realidad del país. Enfrascada en un juego de inútiles acusaciones cruzadas, los políticos no representan adecuadamente a la ciudadanía razonable y sensata. Ahora que la clase política parece empeñada en demostrar que no da el ancho, hay buenos motivos para que suban los niveles de ansiedad entre los chilenos. Tal vez también para hablar de un creciente descontento popular, no por la dirección en la que avanza Chile sino con la clase dirigente del país.