Alamedas de diálogos

Patricio Navia

La Tercera, agosto 9, 2011

 

Aunque sobren las ínfulas revolucionarias en algunos líderes estudiantiles, se propaguen las advertencias concertacionistas sobre una posible crisis de gobernabilidad y no pocos simpatizantes del oficialismo celebren los dichos del presidente de RN contra la "manga de inútiles subversivos", la opinión pública parece más moderada que nuestra clase política. Los políticos que puedan materializar esa voluntad por mantener la hoja de ruta del modelo, realizando necesarios ajustes para fortalecer el rol del Estado como facilitador de oportunidades y garante de una cancha pareja, cosecharán los beneficios electorales. Los que abrazan banderas de confrontación e intransigencia sólo recibirán alabanzas de sus polarizados partidarios.

 

Desde el retorno de la democracia, Chile ha avanzado por un sendero de desarrollo y creciente -pero insuficiente- inclusión. En el camino, muchos han llegado a las riberas de la tierra prometida de la clase media y no pocos han cruzado el río. El modelo que permitió esto, no obstante, precisa una urgente actualización. Se precisa de un Estado que regule con más efectividad a los privados en asuntos de interés público -como la educación-, que provea una red de iguales oportunidades y se asegure de ofrecer una cancha pareja que premie méritos y esfuerzos. Chile quiere más inclusión social y menos desigualdad.

 

El apoyo al movimiento estudiantil no es un cheque en blanco apoyando todas las demandas de los autoproclamados líderes. Es más, se da pese a la impopularidad de algunos de ellos. La gente apoya lo que simboliza el movimiento que sus radicales (y poco conocidas) demandas específicas. Porque los chilenos quieren diálogo, el apoyo al movimiento se debilitará si sus líderes insisten en marchar en vez de dialogar.

 

Las declaraciones concertacionistas del tipo "o gobernamos nosotros o hay caos" tampoco caen en tierra fértil. Las respuestas irreflexivas desde el oficialismo que evocan el pasado pinochetista son igualmente impopulares. La represión policial evoca los peores recuerdos de los años de confrontación en dictadura. Los chilenos son moderados. Quieren cambio en un contexto de continuidad del modelo. No quieren arruinar la fiesta, quieren igualdad de oportunidades para participar del desarrollo. Las voces alarmistas y apocalípticas asustan especialmente a las familias que ven en el acceso a la educación el camino para la movilidad social. Por eso, las iniciativas que demuestren intención de diálogo, haciéndose cargo de las demandas por inclusión y respeto a reglas de juego legítimas e incluyentes llevan todas las de ganar. Aunque los gritos de la calle y -lamentablemente- los exabruptos de la clase política indiquen una creciente polarización, las encuestas reflejan una mayoría razonable y moderada que espera líderes que la representen adecuadamente.