Fronda impopular

Patricio Navia

La Tercera, agosto 5, 2011

 

Al ser el nivel más bajo registrado desde el retorno de la democracia, el 26% de aprobación del Presidente Sebastián Piñera comprensiblemente se convirtió en la gran noticia de la última encuesta del CEP. Pero las malas noticias alcanzan a toda la clase política.

 

La Moneda no debiera consolarse con un mal de muchos. Después de todo, la caída del Presidente es especialmente grave porque él, dada su posición, necesita de la aprobación más que el resto de la elite política. Pero el problema de impopularidad no es exclusivo del Presidente. Los presidenciables Michelle Bachelet y Laurence Golborne, los rostros más populares de la Concertación y la Alianza, también vieron caer su popularidad. La inmensa mayoría de los líderes políticos evaluados tuvo una baja. Los presidenciables Marco Enríquez-Ominami, Ricardo Lagos Weber, Andrés Velasco e Ignacio Walker son también menos populares que hace seis meses. Los chilenos parecen cada vez más descontentos con sus políticos.

 

Pero la encuesta también mostró que los chilenos valoran la política. Un 53% de los chilenos se ubica en el eje derecha-centro-izquierda, casi la misma cantidad que en 2009, cuando el país estaba inmerso en una campaña presidencial.  El porcentaje de los que no se identifican en el tradicional eje de la política chilena cayó de 46 a 40%. Si bien todavía está por arriba del promedio histórico, muestra una tendencia opuesta a la decreciente desafección de la gente con sus líderes políticos.  De hecho, incluso el porcentaje de los que se identifican con alguna de las coaliciones subió de 32 a 36%. 

 

Además, desde las políticas educacionales hasta el debate sobre los derechos de los homosexuales, los chilenos muestran un alto interés en temas políticos. Aunque los más jóvenes muestran más apoyo a los derechos de las minorías sexuales -los chilenos están interesados en los debates públicos-, tienen posición y se informan. Una mayoría ve noticias por televisión o lee sobre política.

 

Esta aparente contradicción en una ciudadanía interesada en la política pero desafecta de sus políticos constituye tanto un problema como una oportunidad.  Si la clase política no corrige el rumbo y enmienda errores, la gente bien pudiera querer deshacerse de esa impopular fronda. Pero si los líderes actuales -o nuevos- articulan un mensaje que se haga cargo de los intereses y preocupaciones de la gente, podrán obtener abundantes cosechas electorales.

 

Aunque esta encuesta no lo aborda, la demanda por mecanismos de rendición de cuentas y control sobre sus autoridades pudieran ser el camino para que la clase política se reinvente. En la medida que sepan descifrar el mensaje de la gente y realicen reformas que empoderen a las personas, como las elecciones primarias para escoger candidatos y las elecciones extraordinarias para llenar vacantes en el Congreso, la clase política podrá revertir la amenaza del "que se vayan todos" que pareció venir implícita en la encuesta del CEP.