Entre el dedazo y el matricidio

Patricio Navia

La Tercera, julio 30, 2011

 

El ingreso de Andrés Velasco a la carrera presidencial para el 2013 desnuda la compleja disyuntiva que enfrentan los presidenciables concertacionistas. Para ser candidato, Velasco deberá evitar que Bachelet entre a la carrera. Pero sus posibilidades de liderar la Concertación dependen de que Bachelet lo unja como su candidato.

 

Si la ex presidenta puede ser vista como la madre de la Concertación, Velasco sería uno de sus hijos favoritos. Desde los enormes ahorros fiscales para los años de las vacas flacas -que se materializaron en 2009-, hasta la reforma previsional y las políticas de incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, Velasco fue una efectiva mano derecha de Bachelet. La Presidenta no habría terminado su período tan exitosamente sin su efectiva colaboración.

 

El favoritismo que Bachelet demostró por Velasco molestó en la Concertación y provocó críticas nunca antes vistas. Símbolo de la tecnocracia y principal exponente del alma autocomplaciente, para muchos autoflagelantes Velasco personifica las razones de la derrota concertacionista en 2009. Aunque sus defensores alegan que Frei habría ganado de haber tomado las posturas que todavía defiende Velasco.

 

Las críticas de Velasco al gobierno de Piñera son tan duras como las que realiza el resto de la Concertación. Pero si el ex titular de Hacienda denuncia los arrebatos populistas del gobierno y critica la poca focalización del gasto social, otros en la Concertación parecen querer más populismo y beneficios universales. Velasco y la izquierda concertacionista concuerdan en querer ampliar las libertades individuales, pero discrepan en elementos esenciales del modelo social de mercado. 

 

Junto a Marco Enríquez-Ominami, que apareció como un heredero ilegítimo de la cercanía y popularidad de Bachelet en 2009, Velasco despierta los recelos y resquemores del establishment concertacionista y de los caciques partidistas. Si ME-O se convirtió en el hijo pródigo de la Concertación, para 2013 Velasco necesita ser el heredero legítimo de Bachelet. Como muchos concertacionistas no están preparados para pasar a retiro a su popular ex presidenta, Velasco será objeto de las críticas de los que defienden el statu quo. Para apropiarse del mensaje de cambio en un contexto de continuidad, deberá criticar las malas prácticas concertacionistas, lo que lo convertirá en un nuevo díscolo, aunque con contenidos e ideología diferentes a las de ME-O en 2009.

 

Para ser candidato, Velasco deberá imponerse a la voluntad de los partidos. Un espaldarazo de Bachelet le ayudaría mucho. Después de todo, los partidos apoyarán la opción que los dejé más cerca de La Moneda. Pero difícilmente Bachelet lo apoyará si Velasco no está encumbrado en las encuestas para cuando empiece la campaña municipal y los candidatos busquen un líder popular con quien fotografiarse. Si para entonces Velasco no ha despegado, Bachelet deberá ceder a la presión y entrar ella misma al ruedo.

 

Si Bachelet regresa, parece improbable que Velasco insista en su candidatura y la desafíe a primarias. Pero para encumbrarse en las encuestas y dejar claro que no está cuidando el puesto hasta que regrese su ex jefa, Velasco deberá dar señales de que va a llegar hasta el final. Porque su poder creció al amparo de su madre política, Velasco deberá estar preparado para ejecutar un matricidio. Si demuestra esa voluntad, aumentarán las posibilidades de que, desde Nueva York, la ex mandataria lo beneficie con un singular dedazo, que lo señale como su ungido.