Segundo tiempo, ahora sí

Patricio Navia

La Tercera, julio 17, 2011

 

Independientemente de lo que ocurra con el cambio de gabinete, los inevitables tiempos de la política, sumado a la débil aprobación presidencial, auguran el verdadero inicio del segundo tiempo del gobierno, cuando las figuras presidenciables empiecen a ganar protagonismo. Aunque las decisiones que tome el Presidente Piñera afectarán la velocidad de materialización de su ocaso, la tarde de este gobierno comenzó a caer. El momento de más poder del Presidente ya pasó.

 

Todos los gobiernos usan la metáfora del segundo tiempo para señalar que han aprendido de sus errores. Aunque con la urgencia que ha caracterizado a Piñera, este gobierno comenzó a hablar del segundo tiempo, a menos de seis meses de gobierno.

 

Si bien siempre constituyen una oportunidad propicia para corregir rumbo y relanzar iniciativas, los cambios de gabinete también conllevan costos. En el gobierno anterior, Bachelet siempre luchó con ahínco para evitar reemplazar a su ministro de Hacienda, blanco de las principales críticas de su propia coalición. Ya que Andrés Velasco era su principal aliado, Bachelet hubiera tenido que pagar un costo alto al sacarlo. Por eso, Bachelet realizó ajustes donde Velasco salió golpeado, pero se mantuvo en el cargo.

 

Hoy, el Presidente Piñera enfrenta una disyuntiva similar. Si reemplaza a Hinzpeter en Interior, los costos personales serán  altos. Aunque su gobierno funcione mejor, habrá perdido a su principal aliado. Además, el nuevo titular de Interior tendrá agenda propia, por lo que habrá un conflicto de poderes donde Piñera deberá ceder espacios. Si el presidente acepta incorporar a algún líder UDI a Interior, tropezará en su intento por consolidar la derecha liberal. Si incorpora a Allamand, apresurará la carrera presidencial. De ahí que parezca razonable pensar en Felipe Bulnes, el titular de Justicia. Ya que su perfil es similar al de Hinzpeter, Piñera reduciría los costos de reemplazar a su aliado, aunque minimizaría las ganancias. Si Hinzpeter no ha resultado, parece improbable que alguien parecido a él vaya a ser  más exitoso.

 

Parece más razonable pensar que, de aceptar un ajuste -cuestión que, por haberse demorado tanto en hacer, no es de su agrado-, Piñera va a repetir la estrategia de Bachelet: realizará un cambio que corrija otros aspectos del gobierno. Bien pudiera incorporar ministros de más peso a La Moneda e incluso acceder a sumar presidenciables UDI. Pero intentará proteger a su aliado a la cabeza del gabinete.

 

Así  y todo, las señales del inicio del segundo tiempo ya se dejan ver. En septiembre de 2012 se llega a la mitad efectiva del período, los presidenciales estarán inscritos y en plena campaña.  Las próximas encuestas ya indagarán sobre intención de voto. La campaña municipal, que se inicia en menos de un año, obligará a los presidenciables a definirse. Los candidatos a alcalde querrán fotos con las figuras más populares. Aunque no quiera, el gobierno deberá asumir que su tiempo empieza llegar a su fin. Por eso, los cambios que se realicen ahora -o los que dejen de hacerse- determinarán las oportunidades que todavía tiene este gobierno para construir un legado exitoso. Con o sin Hinzpeter en Interior, el segundo tiempo está por comenzar y el reloj ya empieza a jugar contra La Moneda.