Inmejorable posición

Patricio Navia

La Tercera, Julio 3, 2011

 

Aunque hoy sea uno de los trabajos menos envidiados, un político que hizo carrera a partir de su capacidad para solucionar los problemas reales de la gente se debería sentir especialmente cómodo en el Ministerio de Educación. Para Joaquín Lavín, la alternativa era el ostracismo político y morder el polvo de su fracaso electoral en las senatoriales de 2009.

 

Después de haber dedicado 20 años a construir una opción presidencial, Joaquín Lavín enfrenta su hora decisiva. Si falla en el esfuerzo, volverá a su retiro forzado. Si, en cambio, conduce el barco a buen puerto, se convertirá en el gran favorito para las presidenciales de 2013. Por más que parezca estar en una balsa a la deriva, su situación es infinitamente mejor a haberse quedado fuera del gobierno.

 

Educación ha estado entre los ministerios con más rotación de titulares desde el retorno de la democracia. Además, desde la revolución pingüina de 2006, la educación ha estado entre las primeras prioridades de políticas públicas, especialmente entre los sectores de más ingresos y de mejores niveles de educación. A partir de los conflictos y problemas que caracterizaron la relación histórica entre ambos, muchos pensaron que el Presidente electo Sebastián Piñera le lanzó un salvavidas de plomo al ofrecerle esa cartera. Pero en marzo de 2010, Educación constituyó una inmejorable oportunidad de reinvención para Lavín. Su activo desempeño posterremoto lo volvió a poner en la palestra de posibles presidenciables. El exitoso rescate de los mineros lo volvió a relegar a un segundo puesto. Lavín necesitaba de una crisis para volver a posicionarse como el favorito de la Alianza para las presidenciales de 2013.

 

Es verdad que la crisis estudiantil es bastante más compleja de lo que hubiera preferido Lavín. Es más, su propio historial de participación en una universidad privada que operaba con una inmobiliaria lo hace especialmente vulnerable en la discusión del lucro en la educación. Su manejo ante la crisis no ha estado exento de errores. El ministro a veces aparece más preocupado de cuestiones tácticas que del diseño estratégico. La tentación de reproducir en educación su mediática carrera como alcalde cosista ha opacado su también exitoso desempeño de buen negociador con el Parlamento durante su primer año.

 

Pero mientras más crece el movimiento para reformar la educación, más probable es que el gobierno realice concesiones y ofrezca recursos que permitan una amplia reforma al sistema. Si Lavín juega bien sus cartas, logrando sentar a los actores a la mesa de negociación y construyendo consensos que permitan una salida negociada y aceptable para los principales involucrados, la reforma educación será su pasaporte a la presidencia. Para tener éxito, debe ganarse la confianza de adversarios y aliados, o al menos convencer a la opinión pública de que es el único puente fiable para acercar a las partes en conflicto. Si logra implantar la percepción de que su renuncia haría imposible un acuerdo, tendrá buena parte de la tarea lograda.

 

Pero si, como estima la plaza, fracasa en el intento, entonces volverá al mismo lugar de irrelevancia política donde estaba en enero de 2010. Porque en política todo es relativo a las alternativas, Lavín está en el mejor lugar en que, dado su discreto desempeño electoral reciente, podía encontrarse. De ahí que lo que muchos ven como una misión imposible, para Lavín sea una nueva oportunidad -tal vez la última- para llegar a La Moneda.