Marchas, principios y conveniencia

Patricio Navia

La Tercera, junio 26, 2011

 

Porque la democracia precisa políticos transparentes que sean capaces de liderar y se atrevan a defender sus principios, mientras más honestos sean los actores políticos sobre sus posturas respecto de los derechos de los homosexuales, más ayudarán a que esta polémica fortalezca la cuestionada legitimidad de nuestra democracia.

 

Cuando hay que decidir entre defender lo que uno cree y lo que es popular, los políticos a menudo toman una posición intermedia. Además de dejar descontentos a defensores y opositores del asunto en cuestión, los políticos que evitan tomar posiciones incumplen su principal responsabilidad como líderes. Un político con posiciones claras, aun si éstas son impopulares, es más creíble y confiable que uno que por temor a defender lo que cree, articula posturas ambiguas.

 

Es verdad que la política consiste en negociar acuerdos y forjar compromisos. No es el lugar para adoptar posturas irreconciliables ni sólo para hacer declaraciones de principios. Mientras más ideologizados y testarudos son los políticos, peor funciona la democracia. Pero estar dispuesto a negociar para avanzar una causa no es lo mismo que no tener una causa. Por ejemplo, bien pudiera ser el caso que hoy las circunstancias políticas y sociales hagan improbable legislar sobre el matrimonio homosexual, pero eso no significa que los políticos que están a favor deban guardar silencio.

 

Si se mantiene la evolución en los sondeos de opinión pública-y Chile sigue la tendencia de otros países desarrollados y de algunos del vecindario- la legalización de las uniones civiles es sólo cuestión de tiempo. Mientras tanto, los políticos que se oponen al matrimonio homosexual deben defender sus posturas e intentar convencer al electorado. Si en cambio, aspiran a que desaparezca el debate porque temen adoptar posiciones impopulares, esos políticos incumplen su obligación moral como forjadores de opinión y defensores de sus ideologías.

 

La marcha por la diversidad sexual atrajo a más de 12 mil chilenos. Previsiblemente, varios políticos se sumaron al movimiento. Otros, simpatizantes y opositores, equivocadamente prefirieron esperar que haya una mayoría incontrarrestable a favor de una postura, antes de anunciar la propia.  El gobierno, dividido entre igualitarios y tradicionalistas, parece sólo temer que haya más gente en la calle.

 

Si bien resulta improbable que los partidarios del matrimonio homosexual logren anotarse una victoria política mientras no atraigan primero el apoyo mayoritario de los chilenos, el desempeño de muchos políticos temerosos de transparentar sus posiciones y de otros que quieren condicionar su postura, la decisión que tome la sociedad ejemplifica a la perfección las falencias de nuestra democracia. Chile necesita políticos que digan lo que piensan y que, respetando la voluntad popular, defiendan enérgicamente sus posturas. Sólo así, las marchas y movilizaciones ciudadanas tendrán sentido en nuestra democracia representativa. Si los políticos rehúyen transparentar sus posiciones y creencias, difícilmente los chilenos podrán siquiera empezar a saber si se pueden sentir debidamente representados.