De menos a más con Chile

Patricio Navia

La Tercera, junio 6, 2011

 

La victoria del candidato nacionalista Ollanta Humala comprensiblemente preocupa a muchos chilenos. Pero después de que suavizara su discurso en campaña, Chile debiera esperar con moderada tranquilidad que Humala, a diferencia de sus predecesores, construya una relación de menos a más con nuestro país.

 

La Presidenta Bachelet solía decir que se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa. Humala, que llegó al poder criticando los altos niveles de exclusión del modelo de economía de mercado, deberá demostrar que es capaz de distribuir mejor la riqueza, sin matar la gallina de los huevos de oro.

 

Los candidatos populistas inevitablemente devienen en presidentes populistas cuando la economía está en crisis. Pero cuando la economía anda bien, los líderes ceden ante la tentación de mantener el modelo, centrando sus esfuerzos en reducir la pobreza y mejorar la distribución. Así lo hizo Lula en 2002 y la propia Concertación en 1990, cuando supo mantener lo bueno.

 

Antes, como candidato populista, Humala fue derrotado. Ahora, llegó al poder gracias al apoyo de moderados, incluidos algunos amigos históricos de Chile, comprometidos con la democracia y el modelo social de mercado, como el nobel Mario Vargas-Llosa. En la campaña de segunda vuelta, Humala pragmáticamente abandonó su populista programa para conseguir esos apoyos. La cercanía al poder es el mejor antídoto contra el extremismo. Humala necesita mantener las altas tasas de crecimiento para poder cumplir sus promesas de más inclusión, más democracia, más Estado y menos corrupción.

 

Como estratégico militar, Humala focalizará sus prioridades en ampliar las oportunidades de desarrollo. Su discurso nacionalista devendrá en iniciativas de infraestructura. Para Humala, el desarrollo es cemento y el crecimiento se mide en carreteras. Sus promesas populistas lo llevarán a negociar con empresas extranjeras para proveer gas más barato a los peruanos, cuestión que inducirá a mayor desarrollo de la economía doméstica. Sus diatribas nacionalistas evolucionarán en una defensa de la libre competencia y en iniciativas para mejorar los derechos de los consumidores. Sus críticas a la corrupción lo obligarán a fortalecer las instituciones.

 

Humala no necesita demostrar su nacionalismo. Ahora precisa calmar los temores en Perú y en el exterior. Al dar señales cordiales hacia Chile, Humala matará varios pájaros de un tiro. Si sus predecesores decepcionaron en su relación con Chile, hay buenas razones para esperar que su triunfo traiga gratas sorpresas en la relación con nuestro país y en la consolidación de una democracia construida sobre un modelo social de mercado cada vez menos excluyente en el Perú.