Control de la agenda

Patricio Navia

La Tercera, mayo 23, 2011

 

Hay pocas oportunidades más propicias para que un gobierno refuerce o retome el control de la agenda que el discurso del 21 de mayo. Abundan en cambio las coyunturas que pueden hacer perderlo. Los más dolorosos son siempre los errores propios, como las polémicas del precio del gas en Magallanes, la crisis política en Concepción, el aterrizaje forzoso del helicóptero personal del Presidente y, más recientemente, la efímera prohibición al uso de gases lacrimógenos.

 

Ya que el espacio para noticias políticas es limitado, los errores no forzados desvían la atención de la prensa y de la opinión pública. Precisamente por eso, fue inconducente la visceral reacción de parlamentarios oficialistas a la inoportuna protesta de sus pares concertacionistas durante el evento del sábado. Los mismos parlamentarios que hoy rasgan vestiduras  realizaron impropias protestas cuando eran oposición. Las rencillas dañan la solemnidad del evento, perjudicando siempre más el Ejecutivo.

 

Los problemas estructurales de cada administración -que en este gobierno se centran en los conflictos entre RN y UDI y en los problemas de credibilidad del Presidente-también ayudan a que se pierda el control del timón. Por eso que, cuando puede usar la testera más importante del país, el Presidente debe aprovechar de imponerse también como el líder de su coalición y de demostrar que sus promesas no tienen letra chica.

 

La impopular decisión gubernamental de apoyar HidroAysén podría convertir a las futuras movilizaciones en formidables obstáculos para mantener el control de la agenda.  Algunos parlamentarios de la Concertación, que jamás se expresaron públicamente contra las políticas energéticas en gobiernos anteriores, convenientemente se han convertido a la causa medioambientalistas para dañar al gobierno.

 

Los incidentes que rodearon al discurso del 21 de mayo dejaron en meridiana claridad lo complejo que resultará para el gobierno mantener el control de la agenda. Después de intentar ignorar las primeras interrupciones -esperando a que los aplausos de sus aliados las acallaran- el Presidente Piñera se animó a responder enérgicamente, apelando al respeto mutuo como pilar de la democracia. Si es capaz de demostrar la misma firmeza y rápida capacidad de respuesta que tuvo en su moderado discurso del 21 de mayo, los próximos meses serán buenos para el gobierno. Si en cambio sigue el ejemplo de sus parlamentarios y se deja arrastrar al cuadrilátero de la confrontación y las descalificaciones, los conflictos de los próximos meses opacarán el lamentable espectáculo que nos brindó el sábado el Poder Legislativo.