Una gran victoria para Estados Unidos

Patricio Navia

La Tercera blog, mayo 2, 2011

 

El asesinato de Osama bin Laden constituye un gran éxito para Estados Unidos y en especial para el presidente Barack Obama.  Los beneficios de la desaparición del líder Al Qaeda superan largamente los costos que traerá esta operación. Aunque resulta equivocado creer que este logro militar tenga un efecto sobre la próxima elección presidencial. En 2012, la suerte de Obama dependerá esencialmente del estado de la economía estadounidense.  Aunque el golpe anímico de esta exitosa operación tendrá un efecto positivo sobre la economía de ese país—y permitirá al gobierno reducir el gasto militar al disminuir su presencia en Afganistán—la próxima elección presidencial dependerá mucho más del nivel de desempleo en Estados Unidos que de los sucesos en Afganistán o Irak.

 

En su historia, Estados Unidos ha cometido muchos errores de política internacional. Su involucramiento durante los años de la guerra fría en el derrocamiento de regímenes democráticos en América latina—incluido Chile en 1973—todavía alimenta suspicacias y desconfianzas. Lograr la desaparición de Osama bin Laden no ha sido un error. El líder de Al Qaeda era el principal enemigo estratégico de la principal potencia mundial. El responsable del peor ataque terrorista en la historia estadounidense, que causó la muerte de más de 3000 mil personas el 11 de septiembre de 2001, no podía seguir impune. Estados Unidos prometió hacer justicia logrando la captura de bin Laden, vivo o muerto. Bajo el liderazgo de Barack Obama, Estados Unidos ha cumplido su palabra.

El hecho que Osama haya sido captura durante el mandato de Barack Obama constituye también un importante espaldarazo a la política de seguridad multilateral promovida por Obama. El hombre que recibió el Premio Nobel de la Paz durante su primer año en el poder esencialmente por rechazar las políticas unilaterales de su predecesor ha logrado una victoria que le fue esquiva a George W. Bush. Después de invadir Afganistán primero y desviar atención y recursos hacia Irak después, Bush dejó el poder sin haber podido capturar a Bin Laden y habiendo acumulado cuantiosos gastos militares que han contribuido significativamente al enorme déficit fiscal estadounidense. Como candidato, Obama siempre defendió la guerra en Afganistán como justificada—y arduamente criticó la guerra en Irak.  Ahora que Osama ha sido muerto en Pakistán, donde siempre se creyó que podía estar refugiado, el Presidente Obama puede ver validada su visión y estrategia.

Ahora que ha sido asesinado, Estados Unidos deberá incrementar temporalmente sus medidas de seguridad. Pero no hay que engañarse. Estados Unidos, y el mundo, están más seguros con Osama muerto que con Osama vivo.  Los temores a las represalias de Al Qaeda no deben ser ignorados. Pero el objetivo de esa organización terrorista siempre ha sido atacar a Estados Unidos y sus aliados democráticos occidentales. Resulta ilógico pensar que, ahora que Osama ha sido asesinado, Al Qaeda usará una capacidad de ataque que tenía oculta y que no había querido usar. Es cierto que habrá un intento de venganza por parte de Al Qaeda. Pero el golpe anímico es positivo para Estados Unidos y muy negativo para el grupo terrorista.

Con la muerte de Osama, el terrorismo no se acabará, y probablemente Al Qaeda tampoco. Pero Estados Unidos necesita lograr la captura o muerte de bin Laden. Esa era una deuda pendiente del país más poderoso del mundo que ha sido finalmente saldada.

La captura de Osama llevará a redefinir elementos importantes de la política estadounidense. Una vez logrado el principal objetivo de la invasión a Afganistán, Estados Unidos puede reducir su presencia militar en ese país. Por cierto que los objetivos de seguridad seguirán presentes. Ahora más que nunca, Estados Unidos deberá colaborar con los gobiernos de Afganistán y Pakistán para facilitar las transiciones a la democracia y el desarrollo económico. Pero eso resulta más fácil que seguir con una guerra costosa y agotadora.

Obama también podrá redefinir la presencia militar de Estados Unidos en Irak. Además de dejar en evidencia que la decisión de su predecesor de invadir Irak fue equivocada—porque desvió la atención del objetivo central de la acción militar, la captura de Osama bin Laden y la destrucción de Al Qaeda—ahora Obama puede decir las palabras que Bush se apuró en pronunciar, misión cumplida. Eso permitirá reducir la presencia militar en la región, cuestión que ayudará significativamente a mejorar la salud de las cuentas fiscales estadounidenses.

Aunque la popularidad de Obama probablemente mejore en los próximos días—y se mantenga alta por un par de meses—el efecto de la muerte de Osama será más importante sobre las cuentas fiscales. Precisamente cuando el Presidente necesitaba encontrar áreas del gasto público donde pudieran hacerse recortes importantes, la muerte de Osama bin Laden permite poner sobre la mesa propuestas para disminuir el abultado presupuesto militar estadounidense.

Finalmente, resulta apresurado sugerir que esta victoria militar asegura la re-elección del Presidente Obama en 2012.  Las elecciones estadounidenses siempre son más sobre la economía que sobre asuntos internacionales.  La tasa de desempleo y el crecimiento serán las claves que definirán el futuro de Obama. Es cierto que los republicanos, tradicionalmente más fuertes en temas de seguridad, se quedarán sin un argumento poderoso. Pero en 2008, Obama ganó pese a tener posturas menos duras en temas de seguridad que los republicanos. En 2012, Obama deberá demostrar que la economía está en mejor pie y produciendo mejores resultados para poder aspirar a la re-elección. La captura de Osama confundirá y desanimará temporalmente a los aspirantes republicanos, pero eventualmente el proceso de primarias producirá un candidato republicano formidable y la elección de 2012 será tan reñida como acostumbran serlo los comicios presidenciales estadounidenses. Obama se beneficiará por haber logrado completar la misión que Bush dejó inconclusa. Pero más se beneficiará el presidente porque el efecto positivo que tendrá la desaparición de bin Laden sobre la economía estadounidense.

Cuando anunció al país que Osama bin Laden ha sido asesinado, Obama sabía que estaba haciendo historia. Este es sin duda el mayor logro militar estadounidense en muchos años. Aunque no le asegure la re-elección, Obama puede sentir seguro que bajo su mandato, Estados Unidos puede comenzar a cerrar y superar el trauma que significó el ataque del 11 de septiembre de 2001.