Relatos y relatores

Patricio Navia

La Tercera, abril 17, 2011

 

Resulta cómodo poner énfasis en la supuesta falta de un relato para explicar la baja aprobación a la persona y al gobierno del Presidente Piñera. Pero corresponde también asignar responsabilidades a los problemas de los relatores. De hecho, más que un problema de mensaje, que no ha variado desde el inicio del gobierno, los problemas recientes de aprobación tienen más que ver con el desorden de los relatores que dificulta que la gente escuche el razonable mensaje del gobierno.

 

El Presidente Piñera llegó al gobierno porque los chilenos estaban cansados con los rostros de siempre de la Concertación. Los chilenos no querían cambios sustanciales en la hoja de ruta, pero sí nuevos acentos y una nueva tripulación. El discurso de continuidad en las políticas económicas con nuevos énfasis en buena gestión y un saludable sentido de urgencia constituyó un relato lo suficientemente bueno como para ganar la elección. Es más, el rescate de los mineros fue la materialización de ese discurso de economía social de mercado, con especial preocupación en la buena gestión. Por eso el gobierno alcanzó niveles de aprobación reconocidamente altos a siete meses de iniciada su gestión.

 

Ese relato de eficiencia se diluyó luego en escándalos por cuoteos partidistas y varias frivolidades. La porfía del Presidente y de su subsecretario de Deportes en mantener sus acciones en Colo-Colo devino en evidencia circunstancial que alimentó las acusaciones de la oposición de que el gobierno se había inmiscuido en los escándalos del fútbol profesional. Las disputas entre RN y la UDI, con defensas corporativas de por medio y ajustes de cuentas internos, despertaron dudas sobre la voluntad y capacidad del gobierno para sepultar la lógica del cuoteo partidista. El gustito que se dio el Presidente al subirse a su helicóptero puso en cuestionamiento la promesa de un gobierno abocado a resolver problemas a un ritmo 24/7. La nueva forma de gobernar terminó pareciéndose demasiado a la vieja forma que la mayoría de los chilenos rechazó al votar por Piñera. La poca credibilidad del Presidente, que siempre fue su flanco débil, se convirtió en el principal síntoma del problema, no en su causa. La misma gente que votó por el relato de eficiencia y gestión comenzaba a dudar de los relatores.

 

Sería simplista echarle toda la culpa al Presidente. La Alianza ha demostrado más preocupación por defender parcelas de poder que por construir las bases para gobernar por 20 años. Las propias declaraciones sobre la falta de relato que hizo el senador Pablo Longueira dejan en claro que la Alianza no lava los trapos sucios en casa. En vez de criticar un relato que ha tenido momentos buenos y malos, la Alianza debería reconocer que una buena parte de la responsabilidad del mal momento actual pasa porque los relatores andan desafinados y desordenados. Con un coro desafinado, indisciplinado y sin espíritu de equipo, hasta la más memorable canción será mal ejecutada y difícilmente valorada por el público.