La visita de Obama

Patricio Navia

La Tercera, marzo 20, 2011

 

La visita de Barack Obama a Chile es importante por el mensaje que envía al resto del mundo más que por los resultados concretos que tendrá en las relaciones bilaterales. Aunque hubo rumores de cancelación hasta último minuto, Obama decidió realizar su viaje pese a los temas urgentes que ocupan su agenda. De por sí, eso constituye una señal poderosa de su compromiso por privilegiar las relaciones con América Latina.

 

Todos los países suelen caer en la tentación de creerse el centro del mundo. Para no ir más lejos, el gobierno argentino hizo evidente su molestia por haber sido ignorado en esta gira, que parte en Brasil y finaliza en El Salvador. Pero Chile en esto no parece confundirse. Su peso relativo es menor incluso en el contexto latinoamericano. Representamos menos del 3% de la población regional y el 4% del PIB latinoamericano. De hecho, nuestro país, de 17 millones de personas y un PIB de US$ 200 mil millones anuales, difícilmente puede aspirar a ser prioritario para el gigante estadounidense de 310 millones de habitantes (18 veces más que nosotros) y una economía de US$ 14,2 billones (71 veces más grande que la chilena). 

 

 

Existen oportunidades atractivas en ámbitos comerciales, productivos, educacionales, tecnológicos y políticos. Pero el tamaño relativamente menor de nuestro país hace que esas oportunidades sean mucho más significativas sobre el crecimiento y la generación de empleo en Chile que en Estados Unidos. Ahora bien, como dejó en meridiana evidencia el rescate de los mineros -cuestión a la que el propio Obama se refirió en su Discurso anual al Congreso en enero pasado, enfatizando el papel de un empresario estadounidense en el rescate-Chile puede tener una importancia simbólica mucho mayor que el tamaño relativo de su economía. Obama no viene a Chile por los temas bilaterales pendientes ni las oportunidades de negocio con nuestro país.

 

 

Es cierto que producto del terremoto de 2010 y el exitoso rescate de los mineros, Chile estuvo muy presente en las noticias mundiales. Pero la agenda noticiosa internacional no está falta de sucesos. De hecho, la crisis en Libia, el triple desastre en Japón (terremoto, tsunami y nuclear) relegarán la gira a lugares secundarios en la prensa mundial. Incluso dentro de Estados Unidos, la disputa política que tiene al Congreso aprobando partidas de presupuesto temporales que eviten el cierre del gobierno federal, los altos niveles de desempleo, la lenta recuperación económica y los esperados anuncios de ingreso a la carrera presidencial de varios republicanos contribuyen para que la gira tampoco sea la principal noticia de política nacional.

 

Al venir a Chile, Obama no necesita sermonear a los gobiernos populistas e insuficientemente comprometidos con la democracia de la región. Su decisión de visitar Chile constituye un mensaje mucho más poderoso que cualquier advertencia contra el autoritarismo o llamado a favor de derribar barreras comerciales. Escoger este país para encarnar su mensaje de democracia y economías libres es un reconocimiento al camino chileno. El Chilean Way que Estados Unidos reconoce y los pueblos de América Latina quieren emular data de 1990, cuando Chile inició su camino de consolidación democrática, economía social de mercado y lento, pero seguro, alejamiento del pasado de divisiones y polarización. 

 

Cuando visitó  Chile para la Cumbre de las Américas en 1997, el Presidente Clinton vino a confirmar el compromiso de su país con la democracia -el único sistema válido- y a explicar los retrasos en el inicio de las negociaciones para un acuerdo de libre comercio. En 2004, al visitar Chile para la Cumbre del APEC, George W. Bush pudo finalmente celebrar la firma del acuerdo de libre comercio. Pero las discrepancias con el gobierno de Lagos  sobre la Guerra en Irak debilitaron su imagen en el país y en la región.

 

Obama llega a Santiago para hablarle a América Latina desde el país que sufrió uno de los momentos más dolorosos y traumáticos de la guerra fría. Desde ahí el Presidente estadounidense invitará a América Latina a forjar un mejor futuro como socios y compañeros de ruta en el sendero de la consolidación democrática y la apertura comercial al mundo. Que esa invitación se haga desde Chile representará un marcado contraste con la historia ya sepultada de la poca saludable relación que existió entre Estados Unidos y América Latina durante los oscuros años de la guerra fría. Si el propio gobierno estadounidense reconoció no sentirse orgulloso de su involucramiento en la crisis política que desencadenó el golpe militar de 1973, en esta visita a Chile Obama invitará al país y a América Latina a construir juntos un nuevo trato del que todos puedan sentirse orgullosos.

 

Si bien podría haber hablado a América Latina desde cualquier otro país, el haber escogido a Chile también constituye un mensaje en sí mismo para el resto de la región.