En son de paz

Patricio Navia

La Tercera, febrero 21, 2011

 

La reciente afirmación de Sebastián Piñera señalando que visitaba Dichato "en son de paz", devela un error estratégico del gobierno y responde a un mito prevalentes en la política chilena: que las simpatías del sector popular son patrimonio de la Concertación.

 

En la derecha predomina la actitud de sentirse como visitantes en sectores populares y como afuerinos en las zonas donde residen chilenos de menos ingresos. Peor aún, la Alianza parece haber aceptado la tesis concertacionista de que el sector popular es patrimonio de la centroizquierda. Las declaraciones en Dichato -donde se produjeron protestas por la reconstrucción- son reconocimiento de que el Presidente se sentía visitando territorio enemigo. 

 

Sin embargo, los datos muestran que no existe tal predominio concertacionista en sectores populares. En la encuesta CEP de diciembre de 2010, la identificación con la Concertación a nivel nacional fue de 16%, el mismo porcentaje de aquellos que se identifican con la Alianza. El 5% se identifica con el Juntos Podemos, mientras que el 58% no se identifica con ninguna coalición. En los grupos de menos ingresos -los mayoritarios- la identificación con la Concertación es levemente superior (20,2% en C3 y 13,6% en D) que la de la Alianza (13,7% y 15,2%). En cambio, en los grupos de ingresos altos, la Alianza arrasa, son el 37.9%.  La Concertación debe sentirse en territorio adverso en las comunas donde residen los chilenos de más ingresos. Pero en las comunas donde viven los chilenos de menos recursos predomina la no identificación política. Por ello, más que verlas como territorio hostil la centroderecha debiera aprender que estas zonas son espacios neutrales, con un enorme potencial de crecimiento para cualquier coalición que ofrezca respuestas convincentes. 

 

Es verdad que históricamente existió un predominio concertacionista en los sectores más pobres. 

 

En la última segunda vuelta, la votación de sectores populares desafectos con la Concertación, fue mayoritariamente para Frei. Pero un porcentaje lo suficientemente alto fue para Piñera, lo que le permitió ganar. Eso muestra que los sectores populares hace tiempo perdieron esa lealtad electoral concertacionista de comienzos de los 90.

 

La frase de Piñera es desafortunada, pero no por recordarnos una frase de las guerras. Es porque responde a la equivocada creencia de que en Chile existe una mayoría cultural a favor de la Concertación. Aunque la oposición se consuele en ese dogma, la Alianza debiera cuestionar su validez y el gobierno  hacerse cargo de las necesidades del sector electoral más importante, el que cargará la balanza electoral en las próximas contiendas.