Visita estelar

Patricio Navia

La Tercera, febrero 14, 2011

 

El paso del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Chile el 21 de marzo ya genera entusiasmo y expectación. Pero, lamentablemente, por razones equivocadas. 

 

La visita de la familia Obama será equivalente a la visita de un rock star, cuya sola presencia produce noticia. Las saludables relaciones entre Estados Unidos y Chile no se fortalecerán con la visita. Tampoco habrá avance en temas pendientes ni se concretarán prometedoras ideas beneficiosas para ambos países. Las numerosas declaraciones sobre la robusta relación buscarán ocultar los tímidos avances concretos que se producirán.

 

Después de la derrota demócrata en las elecciones de noviembre pasado, los analistas estadounidenses anticiparon que Obama haría lo mismo que otros presidentes estadounidenses han hecho después de sufrir un tropezón electoral: giras al extranjero. Ya que los asuntos internacionales les permiten diferenciarse de sus críticos y potenciales adversarios, los presidentes se refugian en su liderazgo internacional para rearmarse de cara a las próximas elecciones. No sorprende que Obama haya decidido venir ahora, y no antes, como infructuosamente intentó convencerlo la Presidenta Bachelet en su visita a Washington, a mediados de 2009.

 

El hecho de que Obama haya escogido a Chile como uno de los tres países a visitar no sorprende. Hace años que Washington separó sus relaciones con México del resto de América Latina. Obama ya estuvo en México en abril de 2009, meses después de asumir el poder. Parece razonable que Obama se detenga en El Salvador, el primer país de la zona en adoptar el dólar como moneda oficial. Siendo el país más importante de Sudamérica, la visita a Brasil era segura. Obama visitará Colombia para una cumbre regional, en abril de 2011.

El paso del presidente por Chile para entregar un mensaje a todos los países de la región es comprensible, precisamente, porque no hay temas que den a Chile una situación especial en su relación con Washington. El anuncio de que Obama sería acompañado por su familia envía señales mixtas. Por un lado, reconoce la estabilidad -y seguridad relativa- de la región y el interés por nuestro continente. Por otro, deja la impresión de vacaciones familiares más que de un viaje para discutir asuntos importantes. Las actividades de Michelle Obama y sus dos hijas serán más noticia que la agenda política o comercial.

 

Desde hace tiempo que las visitas presidenciales estadounidenses han hecho noticia por anécdotas no políticas. La fascinación del vicepresidente Dan Quayle con los indios pícaros a comienzos de los 90, la salida de protocolo de Bill Clinton para comer un completo o el altercado de George W. Bush con agentes de seguridad chilenos en la cumbre Apec de 2004 han sentado precedente. Pero en todas esas visitas, la agenda en los temas de discusión también tenía elementos más relevantes.

 

Es lamentable el poco interés de Washington por profundizar las relaciones con Chile. Los desafíos económicos y políticos en ese país no le permiten a la elite política estadounidense ver que una forma de salir bien parado de esta crisis es profundizando y fortaleciendo las relaciones con la región del mundo que le es más cercana geográfica, social y culturalmente.

 

Tal vez por eso, lo mejor que podemos hacer como país es tener paciencia y, cuidadosamente, intentar ayudar a Estados Unidos a entender que su futuro puede ser más auspicioso si empiezan a mirar al sur como un socio y aliado mucho más que como su patio trasero.