La marca Concertación: Liderazgos y renovación

Patricio Navia

La Tercera, enero 9, 2011

 

El mayor problema de la Concertación son los conflictos de interés de los miembros de su directorio, quienes en lugar de velar por los intereses de sus simpatizantes, están más preocupados de beneficiar a sus propias tiendas.  En tanto siga siendo una residencial donde los partidos comparten un techo, pero no construyen un proyecto común de familia, la Concertación no convencerá al electorado de que Chile será un mejor país con el arcoíris en La Moneda.

 

La Concertación fue siempre más de facto que formal.  El pegamento que la mantuvo unida fue, primero, su oposición a Pinochet y, después, su control del Ejecutivo. Más que uniformidad de criterios ideológicos, la Concertación mostró una enorme capacidad de disciplina al administrar el poder.  Siempre se dividió ordenadamente el pastel de recursos e influencia que implica controlar La Moneda, nunca llegó a comer colectivamente el mismo pan.

 

Ahora hay dudas sobre su futuro.  En la encuesta anual Icso-UDP de 2010, el 30,2% de los chilenos cree que la Concertación se dividirá o desaparecerá. Las personas de más ingresos tienen menos fe (36,4% cree que se acabará) que la clase media (30,6%) o clase baja (28%). Pero un número superior cree que la Concertación se mantendrá o fortalecerá (47,6%). Los sectores medios son los que más creen en su supervivencia y recuperación.

 

De hecho, aunque los partidos la vean como un vehículo para dividirse el poder, la gente valora razonablemente bien el legado concertacionista. En 2010, Icso-UDP también inquirió sobre la evaluación de ese legado. La Concertación recibe un 4,9 (escala 1 a 7) en manejo de la economía, con un 62,5% asignando nota 5 o superior. Recibe un 4,5 o más  en derechos humanos, educación, obras públicas, mejorar la vida de personas comunes, reducir la desigualdad y combatir la pobreza.  Sólo en combate a la delincuencia (4,1) y a la corrupción (4,2) recibe notas apenas aprobatorias. Pero no es reprobada en ninguna categoría.

 

Al indagar sobre las razones de la derrota, Icso-UDP reportó que un 27,5% lo atribuía a tener un mal candidato y un 15,5% a las disputas entre Frei y ME-O.  El desgaste en el poder, el distanciamiento de la gente y la corrupción sumaban menos del 30% de respuestas. Los méritos de Piñera y de la Alianza no hubieran sido suficientes para ganar de no haber existido tantos errores no forzados en la Concertación. 

 

Fuera del poder, la unidad es más difícil. El poder desgasta, pero sólo a los que no lo tienen, decía Giulio Andreotti. Pero la disolución de la Concertación parece evitable. Las encuestas, además, dicen que la gente no espera un quiebre. La experiencia internacional está llena de casos de partidos que se reinventaron fuera del poder. A menudo, la presencia de un líder de recambio facilitó la reinvención. El mediático gobernador del Estado de México, Enrique Peña-Nieto, que recientemente contrajo matrimonio con la estrella de telenovelas Angélica Rivera, ha permitido mostrar -aunque no producir- un PRI renovado y listo para volver al poder en 2012. El fotogénico ex presentador de televisión Mauricio Funes dio un nuevo rostro al izquierdista FMLN en El Salvador. Después de la muerte de su padre ex presidente, Ricardo Alfonsín parece haber resucitado al Partido Radical en Argentina. Incluso en Estados Unidos, el Partido Republicano se logró recuperar de la impopularidad de George W. Bush y de la responsabilidad que le cupo en la crisis de 2008, gracias a la aparición de nuevas figuras, como la polémica ex gobernadora de Alaska Sarah Palin. Ya que los partidos van a la baja en todo el mundo, la aparición de figuras atractivas de recambio constituye el mejor mecanismo para revitalizar conglomerados que han sido derrotados en las urnas o en el proceso político.

 

También hay partidos que no se han podido recuperar jamás de sus derrotas. Copei y Alianza Democrática de Venezuela no se han vuelto a poner en pie. Al laborismo británico le pudiera tomar más de cinco años volver a ser competitivo. El Partido Popular español ha sido incapaz de aprovechar los errores del socialista Zapatero para volver al poder. 

 

La Concertación no tiene por qué sumarse al grupo de partidos fracasados. La gente parece menos decepcionada de la coalición que sus partidos miembros. Es verdad que, por su estructura, la coalición siempre queda supeditada a los intereses de sus partidos. Sus dirigentes buscan primero llevar agua a sus molinos que cuidar a la coalición. Pero eso mismo demuestra que el problema no está en el valor de la marca Concertación -todavía apreciable-, sino en los intereses de los miembros del directorio. Por eso, los líderes de los partidos que componen la Concertación debieran entender que la única forma de volver al poder es cerrando filas en torno a la coalición y facilitando las condiciones para la aparición de una figura de recambio que personifique la reinvención y convoque en torno a un mensaje de futuro.