Diles que yo no fui

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 15, 2010

 

El apresuramiento de Michelle Bachelet y sus ministros en desmentir las revelaciones de Wikileaks contribuye a aumentar las dudas sobre lo que pensaban al interior del gobierno sobre asuntos sensibles, como la relación con Argentina o el conflicto mapuche. 

 

Los procedimientos para reaccionar a las revelaciones han sido similares en todos los países. Tras la publicación del cable, las autoridades aludidas desmienten las afirmaciones y el gobierno de EE.UU. se niega a comentar. Ya que en muchos casos, Wikileaks confirma rumores publicados por medios nacionales usando fuentes no identificadas, la premura en desmentir el contenido refleja la credibilidad que tiene la diplomacia  de ese país.

 

Es normal, aunque éticamente cuestionable, que los políticos digan cosas distintas en público y en privado. La gente también lo hace. Las personas no explican un problema de pareja de igual forma a sus padres que a sus amigos. Pero aunque la forma pueda variar, los desmentidos siembran dudas sobre lo que el gobierno decía en público y lo que comentaba en privado. Hay buenas razones para creer -a partir de información publicada que el gobierno tenía una postura pública distinta a su posición privada en temas sensibles. Aparentemente, Bachelet no conocía detalles  de algunas decisiones clave tomadas en su gobierno.

 

No es la primera vez que ella desmiente declaraciones privadas comentadas en público. El 8 de abril de 2008, el medioambientalista Robert F. Kennedy escribió una carta al New York Times, apoyando un editorial en que el diario se oponía a HidroAysén. El dijo que Bachelet le comentó que se oponía a las grandes represas. Inmediatamente, Bachelet desmintió al medioambientalista. Por más que los involucrados digan "si te vienen a contar cositas malas de mí… diles que yo no fui", la premura en desmentir a Wikileaks sólo contribuye a alimentar las dudas sobre lo que pasaba detrás de bambalinas en el gobierno anterior.