Lagos, el interpelador

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 11, 2010

 

La improvisada interpelación del ex Presidente Lagos al Presidente Piñera respecto de la responsabilidad del primero en la crisis de hacinamiento carcelario que vive el país, evidencia las dificultades que presenta para la Concertación la presencia activa de ex mandatarios en el esfuerzo por renovar el conglomerado y construir una alternativa atractiva de gobierno en 2013.

 

Al utilizar su condición de ex presidente para interpelar en público al Mandatario actual, Lagos quiso defenderse de las críticas del gobierno. Porque los presidiarios sufren violaciones a sus derechos humanos y su dignidad en los penales de Chile -y porque las cárceles devienen en universidades del crimen-, Lagos comprensiblemente quiso desligarse de las responsabilidades que le atribuyen por el deplorable estado de la situación carcelaria.

 

Al interpelar a Piñera, Lagos logró opacar a otros líderes centroizquierdistas que buscaban posicionarse en el debate sobre la situación carcelaria. Porque tiene más tribuna y habla fuerte, Lagos convirtió su agenda en la agenda de su coalición.

 

Por dos razones distintas, eso no es una buena noticia para la Concertación. Primero, la Concertación debe evitar convertirse en una orquesta cuya única sinfonía es la defensa del legado de sus 20 años de gobierno. Mientras más hablen los ex presidentes, más difícil resulta poner el énfasis en el futuro y en las respuestas a los desafíos de hoy. Para reencantar al electorado, la Concertación no puede tocar la misma melodía que la llevó al poder hace dos décadas. Los historiadores ya empiezan a formar el juicio sobre los años de la Concertación en el poder. Al defender el legado de su gobierno desde la tribuna de lo contingente, Lagos no contribuye ni al debate histórico ni a la construcción de una plataforma de futuro.

 

La segunda razón tiene que ver con las debilidades y contradicciones de la Alianza en el tema de seguridad ciudadana. Es cierto que el ministro Felipe Bulnes ha mostrado preocupación por la situación carcelaria desde el primer día, cuestión que no estuvo en la agenda de varios de sus predecesores. También es verdad que el Presidente Piñera ha prometido abordar la crisis carcelaria de una forma más eficiente y efectiva que sus predecesores. Pero hasta ahora, el discurso de seguridad ciudadana de la derecha ha sido más parte del problema que de la solución. El aumento en el número de reclusos, el énfasis en mano dura, la insuficiente rehabilitación y el escaso presupuesto son responsabilidad de un discurso y visión de seguridad ciudadana impulsado con entusiasmo desde la derecha. La Concertación se compró un remedio que empeoró la enfermedad. La política oficial contra la delincuencia siempre ha sido moldeada con propuestas de la derecha.

 

Ahora que hay una oportunidad para un debate amplio sobre cómo conciliar la seguridad ciudadana, la protección de las víctimas y ciudadanos, el castigo y rehabilitación para los infractores y la dignidad y derechos de criminales privados de su libertad, la Concertación tiene una oportunidad para demostrar su voluntad de reinventarse. La coalición puede demostrar su preocupación por la justicia social, enfatizando iniciativas de rehabilitación y de prevención para evitar que miles de jóvenes desarrollen carreras criminales.

 

Lamentablemente, si la voz cantante de la Concertación la llevan un ex presidente y los responsables de políticas carcelarias y de seguridad ciudadana en gobiernos anteriores, la oposición caerá en la lógica de acusaciones de responsabilidad mutua y desaprovechará la saludable -y electoralmente ganadora- oportunidad de ofrecer una solución humana, innovadora y razonable a la seguridad ciudadana y situación carcelaria, que contraste con el discurso de mano dura y penas carcelarias que históricamente ha primado en la derecha.