Lagos vs. Bachelet

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 5, 2010

 

La irrupción de Lagos en la Concertación constituye un desafío implícito a Bachelet por el liderazgo de la Concertación. Si bien los dos líderes comparten el diagnóstico sobre los éxitos y fracasos de la era concertacionista, sus visiones subrayan una diferencia estratégica clave, buscar el retorno al poder desde el centro, institucionalista y con un Estado desarrollista, o desde la izquierda, personalista y con un Estado asistencialista.

 

La irrupción de Lagos -y en menor medida el posible retorno de Insulza- es una noticia agridulce para la Concertación. Por un lado, después de que el peso de la noche disipara el recambio generacional, la multiplicación de presidenciables derechistas apuró el proceso en la Concertación. Lagos tiene más ganas que muchos otros cautos concertacionistas. Pero el retorno de Lagos también deja un sabor amargo. Ya sea porque él se apuró o porque la generación de recambio se demoró demasiado, el que los dos principales aspirantes de la coalición sean ex presidentes (igual que el recientemente derrotado candidato concertacionista) hace patente la falta de renovación de rostros -ya ni siquiera de ideas- en la centroizquierda.

 

Ahora bien, Lagos y Bachelet simbolizan  visiones distintas. El ex presidente promueve un discurso más centrista, incorporando a la DC en forma y fondo, y menos afín a sumar díscolos. Lagos cree en un Estado con rol desarrollista mucho más activo (con puente a Chiloé, tren al sur y grandes obras de infraestructura, aunque los tecnócratas se enojen) y una visión de política con más reformas institucionales que democracia participativa. Aunque la estrategia le falló en 2009, Lagos buscará conquistar primero a los partidos de la Concertación para desde ahí volver a conquistar La Moneda.

 

Bachelet, en cambio, mantiene un discurso de primero la gente y luego los partidos. Su popularidad será el magneto que atraiga las máquinas partidistas a su candidatura, tal como ocurrió en 2005. Los diálogos con otros grupos políticos son simbólicamente importantes, como también el intento por reestructurar a la Concertación, pero al final todos querrán sumarse al carro de la victoria de su popularidad personal. Si Lagos dejó infraestructura, Bachelet dejó la reforma de pensiones. Para ella, el discurso de democracia participativa convivió con una realidad de férrea responsabilidad fiscal (el puente a Chiloé y el ambicioso plan de legado infraestructural para el Bicentenario fueron enterrados en su gobierno).

 

Como presidentes, Bachelet terminó siendo más popular, pero Lagos fue más exitoso. El le entregó la banda a alguien de su propia coalición. Si bien ambos gobiernos tuvieron escándalos de corrupción e ineficiencia, el de Lagos tuvo más aciertos y dejó un legado positivo más permanente.

 

Aunque soterrada por ahora, la disputa por el liderazgo concertacionista ya comenzó. Sus protagonistas son dos ex presidentes que entienden el izquierdismo de formas muy diferentes y, de a ratos, incluso contrapuestas.