Tarjeta amarilla para Piñera

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 3, 2010

 

La caída de 13 puntos en la aprobación presidencial (del 63% al 50%) no es tan mala noticia para el gobierno como piensa la Concertación, pero sí constituye una advertencia que en La Moneda no pueden ignorar.

 

Era fácil de anticipar una baja en el apoyo de Sebastián Piñera cuando se disipara la euforia por el exitoso rescate de los 33 mineros en octubre. Mientras más rápido crecen las burbujas, más pronto revientan. Pero no era inevitable que el Gobernante tuviera su segundo peor mes en sus nueve meses de gestión.

 

La caída fue más pronunciada entre hombres (64% a 49%), entre adultos (62% a 48%) y entre personas de menos ingresos (20 puntos, de 61% a 41% en los grupos D y E, que constituyen la mitad de la población).

 

Entonces, podemos concluir que el bajón se produjo por cuestiones que capturan la atención de la gran mayoría de la población. Las causas de la caída no hay que buscarlas en las negociaciones por la Ley de Presupuesto -seguidas con atención por sectores de altos ingresos y de más educación, que son los que consumen más noticias- ni en el debate sobre la nueva derecha, puesto por Hinzpeter.

 

El Presidente bajó porque la gente percibió que el gobierno se metió en la polémica del fútbol. La demora de Piñera en decidirse a vender sus acciones de Colo-Colo dio a sus críticos credibilidad para alegar que él estaba demasiado cerca de sus socios accionistas, que se organizaron para lograr la derrota de la administración de la ANFP en el poder e, indirectamente, la renuncia del popular entrenador de la selección nacional, Marcelo Bielsa.

 

De poco sirvió que el Mandatario se haya defendido alegando que nada hizo. Porque el propio César no tiene que serlo, sino parecerlo. Su porfía en mantener las acciones del club popular terminó pasando la cuenta al Presidente.

 

Pero esta caída y sus puntos débiles en la encuesta son corregibles. El atributo presidencial más débil sigue siendo la credibilidad. La mejor forma de construir credibilidad es diciendo siempre la verdad, haciendo pocas promesas y cumpliéndolas a cabalidad, y no dando oportunidad de que se levanten sospechas.

 

Igual que un futbolista con tarjeta amarilla, el Presidente debe cuidarse de entrar en polémicas. Tampoco puede dejar flancos abiertos para que se cuestione su honestidad. Emulando a un alcohólico en recuperación que no se acerca a un bar ni se junta con los amigos de parranda, Piñera debe evitar cualquier percepción de potencial conflicto de interés personal o en su gobierno. Si no lo hace, la Concertación tendrá un río del que sacar aguas para su molino.

 

Ahora que se disipó el efecto del rescate minero, Piñera debe echar a andar un Plan B, que construya de una buena y definitiva vez un cortafuego entre la política y los negocios. De lo contrario, por más golpes de popularidad que pueda tener en el futuro, la tendencia en su aprobación será inevitablemente a la baja.