La cicatriz del Colo-Colo

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 29, 2010

 

El anuncio de la próxima venta de las acciones que posee el Presidente Sebastián Piñera en Colo Colo busca cerrar lo que se ha convertido en el principal problema de su gobierno: la insuficiente separación entre la política y los negocios.

 

Cuando venda, el Mandatario habrá despejado un importante obstáculo para gobernar sin tener que seguir defendiéndose contra acusaciones sobre conflictos de interés.

 

Las acusaciones sobre la supuesta interferencia del gobierno en la elección de la ANFP se basaron más en el innegable interés de cualquier accionista de Colo Colo por la forma en que se distribuyen las platas del fútbol que en evidencia concreta sobre la participación del gobierno en la candidatura disidente a la administración del derrotado presidente de la ANFP. 

 

Pero bastó la obstinación del Presidente en mantener sus acciones de Colo Colo para que se encendiera la hoguera. Los anuncios de mejoras en estadios municipales -que rindieron tanto fruto político en la administración de Bachelet- se convirtieron en evidencia incriminatoria a ojos de los opositores de Piñera y de muchos fanáticos del fútbol satisfechos con la administración derrotada de la ANFP. Cuando se concrete la venta de Colo-Colo, el Presidente podrá comenzar a cerrar ese incómodo flanco que ha mantenido abierto por un período imprudentemente largo.

 

Desafortunadamente, la demora en deshacerse de sus acciones en Lan, vender Chilevisión y anunciar la venta de Colo Colo han dejado una cicatriz innecesaria, y estéticamente incómoda, que inevitablemente distraerá parcialmente la atención cuando se hagan las evaluaciones históricas de este gobierno.

 

Peor aún, esa demora será usada por la oposición para alimentar sospechas sobre una supuesta incontinencia empresarial del Presidente. Porque Piñera no supo construir un cortafuego efectivo entre los negocios y la política, la agenda política de la Concertación cruza ahora impunemente la línea que debiera separar la actividad empresarial del quehacer político.

 

Como candidato presidencial, Piñera desoyó consejos de sus aliados e insistió en que no vendería sus acciones en Colo Colo. Ya como Mandatario, buscó justificar su obstinación alegando que nadie estaba libre de conflictos de interés. Ahora que anuncia la venta de Colo Colo reconoce implícitamente que estaba equivocado. Aunque también alimenta el fuego de los que lo acusan de hacer sólo lo legal y no lo éticamente correcto.

 

Por eso, en la opinión pública, que ahora celebra la decisión de vender Colo Colo, quedará la duda del porqué tomó tanto cerrar este asunto tan tóxico para el primer gobierno de derecha en 20 años. Entre sus aliados quedará el amargo sabor de saber que la foto del legado del primer gobierno de derecha desde Augusto Pinochet, legitimado en democracia, no necesitaba esta mancha.