Patricio Aylwin: Presidente Modelo

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 27, 2010

 

Convertido en personificación viviente del republicanismo democrático y en símbolo de la exitosa transición a la democracia, Patricio Aylwin cumplió 92 años gozando con propiedad el legado que intentó construir en su gobierno. El hombre que buscó liderar la reconciliación sigue siendo un referente para la Concertación.

 

Aylwin también ha sido elevado a la posición de presidente modelo por Sebastián Piñera, el primer presidente de centroderecha desde Pinochet y el primero en llegar al poder en forma democrática desde 1958.

 

Es imposible no contrastar la forma en que ha crecido, tanto la figura de Aylwin como las evaluaciones de su gobierno, con la estrepitosa -y merecida- forma en que se ha venido al suelo la imagen pública de Pinochet. Mientras Aylwin es el presidente al que aspira poder asemejarse Piñera, Pinochet es el mandatario con el que nadie quiere aparecer asociado. Si invocar al gobierno de Aylwin ayuda a ganar elecciones, mencionar positivamente la dictadura militar garantiza una derrota. 

 

Es verdad que, por haber estado más años en el poder y haber hecho reformas más profundas, el legado de Pinochet es más importante que el de Aylwin. Pero las oscuridades de la dictadura condenan ese legado. En cambio, los errores y omisiones del cuatrienio de Aylwin -entre los que destacan la cautela en la búsqueda de la justicia e insuficiente coraje moral en temas de derechos humanos-no opacan los  éxitos de la transición chilena.

 

Puede ser que Pinochet sea el padre del Chile actual, pero gracias a la habilidad y liderazgo del padrastro Aylwin, nuestro país ha logrado crecer más allá del legado del trauma autoritario, aunque ocasionalmente nos visiten los fantasmas del odio y la división que reinaron en esos años.

 

Lamentablemente, la decisión de Aylwin de retirarse de la política después de su cuatrienio -sin elástico, arrepentimientos o remordimientos- no sentó precedente en la Concertación. Si bien sus sucesores han sido más jóvenes, el hecho de que hayan querido -o al menos no descartado- volver al poder ha hecho más difícil evaluarlos sin la contaminación de la coyuntura y con la fría distancia que permite la historia. A diferencia de Aylwin, el legado de Frei, Lagos y Bachelet incluirá sus carreras políticas posteriores a La Moneda.

 

Porque sí se puede construir una patria justa y buena en la medida de lo posible y porque la tarea de gobierno es construir condiciones para ampliar el horizonte de lo posible, el legado del gobierno de Aylwin es un buen norte para cualquier gobierno, y en especial, para uno que busca construir un legado propio y también una nueva identidad para su sector.