Carrera presidencial sin marcha atrás

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 18, 2010

 

Las carreras presidenciales son como las botellas de vino. Una vez que se descorchó y se sirvió en copas, no se puede volver a sellarlas. Ya que la contienda está desatada en la Alianza, el gobierno debería abstenerse por desconocer lo indesmentible.

 

Todo gobierno nace con el mismo germen. Al incorporar presidenciables al gabinete, el Ejecutivo puede controlar mejor el inicio y desarrollo de la carrera. En su sexenio, Lagos mantuvo a sus ministras con aspiraciones a raya, porque pudo amenazarlas con sacarlas del gabinete y poner un abrupto fin a sus pretensiones. Bachelet, en cambio, no pudo controlar ese ítem. Al optar por no incluir presidenciables en su gabinete, Bachelet dejó que la carrera se corriera por fuera. Y la poca injerencia que ella tuvo en la selección del candidato oficial imposibilitó el tan ansiado trasvasije de votos hacia la Concertación en 2009. 

 

Es bueno demorar el inicio de la competencia. Pero es mejor que se dé dentro del gabinete que en los partidos oficialistas. Durante los años del PRI en México, cuando el presidente saliente nombraba a su sucesor, la norma es que debía haber tres presidenciables. Cuando hay dos, se forman bandos muy definidos. Cuando hay muchos, se desordena el gobierno. En Chile, la decisión del candidato la tomará la gente, ya sea en primarias o por encuestas. No es malo que haya tres presidenciables en el gabinete. El hecho de que uno de ellos sea independiente hará que ni la UDI ni RN se comprometan demasiado pronto con sus militantes presidenciables.

 

Con la carrera desatada en la derecha, la Concertación no podrá seguir ignorando el tema. Aunque su estrategia sea mantener la ambigüedad lo más posible para ver qué posibilidades tiene cuando se acerque el momento, Michelle Bachelet recibirá ahora la presión de otros aspirantes que querrán establecer un mecanismo, preferentemente primarias, para contrarrestar el peso de la noche de los poderes fácticos, que querrán imponer a la ex presidenta antes de que surjan otros nombres.

 

De poco sirve lamentarse ahora de que la botella de la carrera presidencial de 2013 se haya descorchado. El desafío del gobierno es saber administrarla para sacarle partido, premiando y castigando a los presidenciables por su desempeño y lealtad, con la siempre presente amenaza de un temprano cambio de gabinete que terminaría abruptamente sus carreras. Cuando el corcho ya está sobre la mesa, lo mejor que puede hacer La Moneda es administrar el contenido de la botella de vino para asegurarse que la fiesta de 2013 vuelva a celebrarse en la Alianza.