A derribar al Presidente

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 13, 2010

 

Por más atractivo que parezca criticar al Presidente, la Concertación difícilmente volverá al poder, a menos que demuestre ser mejor que la Alianza (o que la nueva derecha). Porque Piñera no va a ser candidato en 2013, la oposición debe superar la reciente derrota y pensar en la mejor estrategia para ganar la próxima contienda.

 

En la campaña de 2009, la Concertación se debatió entre dos posiciones. Unos, rescatando las posturas moderadas y pragmáticas del empresario, centraban sus críticas en la Alianza. Otros veían en los atributos personales de Piñera causa suficiente para no votar por él. La campaña de Eduardo Frei eventualmente adoptó la segunda postura, centrando sus ataques en los conflictos de interés y las debilidades de Piñera. El fracaso de ese esfuerzo no parece haber sido suficiente para disuadir a la oposición de seguir intentándolo.

 

Las críticas al Presidente desde su propio sector por personalizar su gobierno han alimentado esta estrategia. También es cierto que aunque quisiera, el electorado no podrá castigar a la Concertación en 2013, mientras se mantenga el sistema binominal. Como la Alianza aprendió bien en 20 años de Concertación, la oposición puede bloquear iniciativas de gobierno a un bajo costo.

 

Pero para volver a La Moneda no basta con obstruir. Hay que construir una alternativa. Al centrar sus ataques en Piñera, la Concertación puede dañar la aprobación presidencial, pero eso no redunda en mejorar sus posibilidades de ganar en 2013.

 

Las críticas a la forma en que el gobierno manejó el rescate de los mineros demuestran que la Concertación está más preocupada de Piñera que de la Alianza. La polémica sobre la supuesta intervención en la elección de la ANFP se construye también a partir de esta obsesión.

 

La tormenta que causó el rechazo de la Cámara a algunas partidas del Presupuesto 2011 es otro ejemplo de un afán obstruccionista. Es verdad que el incidente dañará más al gobierno que a la oposición. Además de mostrar falta de disciplina interna, la ausencia de parlamentarios oficialistas alimenta rumores del rechazo en la UDI al estilo personalista de Piñera. Pero aunque no tenga costos, la estrategia concertacionista no deja de ser inquietante.

 

Equivocadamente, algunos creen que todavía queda mucho tiempo. Pero faltan menos de dos años para la elección municipal. El buen desempeño aliancista en 2008 ayudó a que Ricardo Lagos y José Miguel Insulza declinaran sus candidaturas y que la Concertación adoptara un proceso de selección de candidato que contribuyó a la derrota oficialista en 2009.

 

A partir de sus ataques a Piñera, la Concertación parece creer que enfrentará al Presidente en 2013. Pero resulta electoralmente más ventajoso para la centro-izquierda centrar sus críticas en la Alianza. Después de todo, esa también fue la estrategia ganadora de Piñera en 2009. Más que atacar al candidato, el mensaje ganador de la Alianza fue que la Concertación ya no merecía estar en el poder. La oposición puede replicar esa estrategia para volver al poder en 2013.