Pan y fútbol

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 6, 2010

 

Entender el ejercicio del poder como el desafío de asegurar pan y circo supone que, por más bien que maneje la economía, un gobierno no será exitoso si no maneja la entretención. Después del rescate de los mineros, el gobierno de Piñera parece haber cometido un gigantesco error no forzado: se ha dejado enredar en la polémica sobre la elección de las autoridades de la ANFP y del alejamiento de Harold Mayne-Nicholls y el exitoso entrenador Marcelo Bielsa.

 

Aunque el gobierno niega haber participado y los que denuncian intervención no han presentado ninguna prueba que incrimine a La Moneda, la oposición se ha entusiasmado con la polémica.

 

Esperando hacer leña del árbol caído, algunos han avivado a la opinión pública para que devenga en turba de taladores. Hábilmente -y en parte porque la cercanía de Mayne-Nicholls y de Bielsa con Bachelet en el pasado Mundial justifican esa especulación -la Concertación ha dotado de ribetes políticos la polémica: Segovia representaría la ambición desmedida de Piñera y de la Alianza, mientras que Bielsa es el bueno de la película que quiere el bien del pueblo, igual que Bachelet. Resta ver si esta lectura será compartida por la opinión pública cuando pase el fervor inicial. Pero de resultar en una estrategia que reposicione a la Concertación, entonces Bielsa habrá sido el mejor rescatista que pudo haber tenido la oposición.

 

Por contrapartida, el hecho de que Piñera no haya vendido las acciones que posee en Blanco y Negro lo deja en posición vulnerable. Lo difícil que resultó que el subsecretario de Deportes, Gabriel Ruiz-Tagle, se deshiciera de sus acciones en el mismo club -y lo inoportuno que fue venderlas al suegro del Presidente- no pueden ser motivo de orgullo para aquellos que creemos vivir en un país transparente. 

 

Chile entero fue testigo del historial de desencuentros entre Piñera y la dupla Mayne-Nicholls-Bielsa. El desafortunado discurso del Mandatario al despedir a la Selección antes del Mundial, la presencia de Bachelet en Sudáfrica, los malentendidos sobre la invitación a La Moneda y el desaire de Bielsa al no saludar a Piñera convertían al fútbol en un tema aún más delicado para el gobierno.

 

Aunque no hay claridad de qué papel jugaron las autoridades de gobierno en la aparición de una candidatura que desafiara a Mayne-Nicholls, la percepción ciudadana -o al menos de la hinchada en las redes sociales- es que Piñera vio con buenos ojos el recambio en la dirección del fútbol nacional.  Para muchos, el Ejecutivo es responsable por el alejamiento del polémico, pero popular Bielsa.

 

El nuevo liderazgo del fútbol tiene el desafío de lograr que la Selección obtenga mejores éxitos, o al menos comparables a los de Bielsa. Nuestro historial de mediocres resultados indica que los últimos éxitos fueron más bien una excepción. Futuros resultados discretos serán atribuidos a la ausencia de Bielsa. Todos aquellos que estuvieron involucrados -de verdad o en la percepción de la gente- con este abrupto fin del exitoso circo del fútbol de la era Bielsa  recibirán el castigo popular.

 

Aunque no haya tenido nada que ver con la llegada de Jorge Segovia, la popularidad de Piñera será castigada si la Selección no da las mismas alegrías que dio bajo la administración anterior.