Invertir el capital político

Patricio Navia

La Tercera, octubre 13, 2010

 

Ahora que el rescate de los mineros ha producido una abundante cosecha de la bien ganada apuesta de comprometer parte de su capital político a un feliz final de la saga, el Presidente Piñera debe demostrar que sabe hacer en política lo que hizo de forma magistral en los negocios. Piñera debe convertir transformar ese capital de alegría, exitismo y buena voluntad  en un poderoso impulso para su agenda legislativa y de gobierno.  

 

El capital político es más volátil que el económico. Los vientos políticos soplan de forma aún menos predecible que los ciclos económicos. Así como una figura política puede ascender rápidamente, errores relativamente pequeños pueden devenir en tragedias en las carreras políticas. De hecho, no hay que ir muy lejos de la Mina San José para encontrar carreras capitalizadas gracias al azar. Es cierto que hay que estar preparado y saber hacer las cosas, pero la fortuna no da a todos los bien preparados una oportunidad para lucirse.

 

El Presidente Piñera que ha demostrado su habilidad para correr riesgos—desde su intempestiva decisión de lanzarse a la carrera presidencial en 2005 hasta su arriesgada maniobra de construir una plataforma moderada en 2009—tiene que demostrar también que sabe distinguir entre lo riesgoso y lo temerario. Ya que se originó en una situación puntual y se acumuló demasiado rápido, el capital político que posee Piñera producto del rescate bien pudiera devenir en burbuja.  De ahí que sea necesario que lo aproveche rápido—las burbujas siempre terminan explotando—y que no lo abuse—para evitar que la burbuja explote antes de tiempo.

 

En el fútbol, cuando se anota un gol de antología, nadie se acuerda de la celebración posterior. Pero una mala celebración es capaz de opacar cualquier gol genial. El exitoso rescate de los mineros constituye una demostración inequívoca de eficiencia, buena gestión y preocupación por las personas, prioridades que este gobierno ha señalado como propias. No hay necesidad de ponerle una guinda a una torta que ya está perfecta. Es más, cualquier intento de aprovechamiento mediático excesivo por parte del gobierno sólo reducirá lo que de otra forma será una inmejorable foto que entrará a los anales de la historia y que se convertirá en un momento clave en el corto pero acontecido cuatrienio de Piñera.

 

En los próximos días, el centro de atención estará en los mineros rescatados y sus familias. El gobierno no debiera competir por ser el centro de atención. Además de inútil—será más atractivo escuchar lo que tengan que decir los mineros sobre su temporada en el infierno que al jefe de la operación de rescate—despertará sospechas sobre los verdaderos motivos que impulsaron a Piñera a jugársela por el rescate. Piñera debe aprovechar la oportunidad para dejar en claro que le preocupaba más la vida de los mineros que los costos o beneficios que esa preocupación tendría para su gobierno.

 

Mientras más claro quede que el gobierno tenía el bienestar de los mineros como norte, más fácil resultará ganarse la confianza de esos electores que creen que un gobierno de derecha irremediablemente está del lado de los ricos en los momentos clave. La encuesta Adimark que mostró una aprobación de 53% para Piñera en septiembre también evidenció que esa aprobación alcanza a un 67% en el ABC y sólo a un 48% en los sectores D/E, que constituyen la mitad de la población nacional. El rescate de los mineros representa una inmejorable ocasión para nivelar la aprobación presidencial entre los chilenos de menos ingresos con la que ya existe entre el resto de los chilenos. Finalmente, ya que sus atributos más débiles son la credibilidad (56% lo percibe creíble) y  la confianza (57%), este enorme capital político debiera ayudarle a mejorar en esos atributos. Pero claro, siempre y cuando la celebración no opaque el magistral gol que ha anotado su gobierno.