Argentina según Borges

Patricio Navia

La Tercera, octubre 2, 2010

 

Porque hay demasiado en juego en la relación bilateral, la decisión del gobierno argentino de otorgarle asilo político a Galvarino Apablaza no tendrá repercusiones políticas de largo plazo.Sabiamente, el Presidente Sebastián Piñera declaró que esta decisión "no ayuda en nada". Pero tampoco necesitaba decir que la decisión tampoco hace mucho daño.

 

Es cierto que las implicaciones de la determinación del Conare constituyen un cuestionamiento a nuestro sistema judicial y a nuestro estado de derecho. También pueden ser interpretadas como un retroceso en la búsqueda de justicia para las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Jaime Guzmán era un senador de la República y su asesinato fue un incuestionable atentado contra la estabilidad democrática chilena. Su participación en la dictadura -y la validez de sus posiciones políticas- son materia contenciosa, pero no atenuante para el alevoso crimen. La falta de justicia debe avergonzarnos tanto como la insuficiente justicia para violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura.

 

No sirve intentar justificar al gobierno de Cristina Fernández a partir de la compleja situación coyuntural que rodea el caso. Por más que el asilo lo hayan pedido aliados importantes del gobierno, la decisión de bloquear la búsqueda de la verdad que tomó Fernández habla mucho más que sus apasionados discursos apelando al respeto de los derechos humanos.

 

Así y todo, por más éticamente cuestionable que haya sido la decisión y pese a lo complicado que resulta que el gobierno argentino cuestione el estado de derecho  y la legitimidad del sistema judicial chileno (¿el diablo vendiendo cruces?), la decisión de Fernández no tendrá repercusiones.

 

Después que todos los actores políticos relevantes cumplan con las formalidades de las declaraciones pidiendo justicia y denunciando el hecho, Santiago y Buenos Aires darán vuelta la hoja. La agenda de las relaciones bilaterales es demasiado amplia y compleja como para tensionarla por un tema puntual, por más importante que sea. Si compartes con un vecino la responsabilidad por la seguridad del vecindario, intercambias bienes y servicios y mantienes una relación de muchos años que se extenderá en el tiempo, los costos de pelearse con él cuando rompe el espejo retrovisor de tu auto y luego pretende no haberlo hecho son demasiado altos.

 

Esa es la situación en la que se encuentra Piñera, el gobierno y el país entero. Tal vez lo más razonable sea utilizar la misma lógica pragmática que Borges aplicó a los peronistas: no son buenos ni malos, sino que simplemente incorregibles. Con los argentinos nos une una historia y un futuro inseparables. Por eso, cuando la frustración por las decisiones del gobierno de turno nos consuma, tal vez sea bueno simplemente re-leer a Borges.