La semana de los presidentes

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 26, 2010

 

El paso por la testera de la ONU es un rito seductor para los mandatarios de la región.

 

La semana de la Asamblea General (AG) de la ONU siempre hace noticia por las congestiones de tránsito provocadas por las medidas de seguridad desplegadas para proteger a las decenas de asistentes.

 

Los presidentes estadounidenses regularmente inauguran las sesiones de la AG, muy para el disgusto de los neoyorquinos.

 

Nueva York sí está más dispuesta a aceptar visitas de otros presidentes. Las numerosas delegaciones contribuyen generosamente a la industria del turismo, los hoteles, el transporte, los restaurantes y el retail.

 

El paso por la testera de la ONU es un ritual que los mandatarios usan para dirigirse a sus propios países, ignorando a la desatenta audiencia. Ex alumnos que han hecho sus prácticas en la ONU han ocupado el asiento de delegaciones oficiales que no quieren aparecer irrespetuosas con países amigos. Si bien el Presidente Mahmoud Ahmadinejad, de Irán, que dijo que Estados Unidos estuvo detrás de los atentados del 11 de septiembre, se ganó el premio por ser el más provocador, este año no hubo sorpresas en los discursos incendiarios.

 

La ausencia de Lula da Silva, de Brasil, y Felipe Calderón, de México, contribuyó a que América Latina no acaparara titulares. A partir de sus actividades en Nueva York se pueden distinguir dos grupos. El grupo de presidentes antiimperialistas quedó disminuido con las ausencias de Chávez y Correa. Sólo llegaron Evo Morales y Cristina Fernández. Además de fustigar el orden económico  imperante, buscaron plataformas alternativas en universidades locales.

 

En cambio, el grupo de presidentes promercado y amigos de Estados Unidos, fue agasajado por el sector financiero. Los presidentes de Chile, Colombia, Perú y República Dominicana hablaron ante el Consejo de las Américas, organismo que promueve la democracia y el libre comercio. Mientras Piñera y Fernández lo hicieron a la hora de almuerzo, Santos y García tuvieron cenas. García, que fue condecorado por sus contribuciones a la democracia y el desarrollo, demostró por qué se autodenomina como el mejor orador de América Latina: "Las reglas mundiales de la economía mundial pueden hacer crecer un país cuatro por ciento, por inercia, pero si usted le pone el discurso, el verbo y la poesía, que sólo un conductor puede poner, el país pasa a crecer siete y ocho por ciento".

 

Santos se enorgullecía porque era el único presidente latinoamericano que tendría  bilateral con Obama. Su cercana relación con Estados Unidos en el combate a la droga hace de Colombia un aliado importante para Washington. Demostrando su buen inglés y su capacidad para entender la cultura estadounidense, Santos dijo que sus amigos republicanos le decían que él se había educado en Kansas (donde obtuvo su título universitario) y luego deseducado en Harvard (donde obtuvo un posgrado). Celebrando la victoria sobre las Farc lograda con la muerte de "Mono Jojoy", Santos reconoció que hace 10 años Colombia era un Estado fallido. Pero manejando a la perfección los tiempos y el mensaje, terminó diciendo que este era su momento.

 

Piñera privilegió la imagen del Presidente gerente y líder hacedor. Con su correcto inglés, en su visita a Wall Street y la cena en el Foreign Policy Association, envió el mensaje de que Chile se despertó de su siesta y estaba listo para volver a correr. La audiencia, acostumbrada al liderazgo de Chile en la región, valoró la determinación, pero pareció querer ver resultados antes de celebrar. Matices más, el discurso de Piñera demostró que su gobierno tiene más de continuidad que cambio respecto de los cuatro gobiernos anteriores. Los nuevos conversos al modelo de libre mercado -como el caso de García- o los países que salen del abismo de la guerra -como Colombia- producen el interés de los recién llegados. Chile, que ya lleva años sentado a la mesa, ya es tratado como uno más de la casa.