La Concertación después de Bachelet

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 20, 2010

 

Dada su condición opositora, el principal desafío de la Concertación es consensuar un mecanismo que le permita seleccionar un candidato presidencial.

 

Hay dos razones que hacen inconveniente retrasar el debate sobre el procedimiento. Primero, la Concertación ya no es gobierno. Ya que es más fácil potenciar figuras desde el Ejecutivo, la Alianza tendrá más presidenciables. Para reducir esa ventaja oficialista, la Concertación debe promover figuras desde ya. El buen desempeño de Lavín en 1999 fue resultado de años de trabajo de la UDI. Sin tener poderosos medios de prensa afines, la Concertación tendrá más dificultades para potenciar presidenciables. Segundo, la derrota de la Concertación en 2009 se debió en buena medida a las fallas cometidas en el proceso de nominación. Para demostrar que aprendió la lección, la Concertación debe permitir que sea la gente quien escoja al candidato. Mientras más se demore en acordarlas, más difícil será realizar primarias en 2013. Si no es escogido en primarias, el candidato de la Concertación cargará con el mismo saco de ilegitimidad que dificultó la candidatura de Frei en 2009.

 

El alejamiento temporal de Bachelet constituye una inmejorable oportunidad para que la Concertación aborde de frente, con transparencia y voluntad democrática, este complejo desafío. La popularidad de Bachelet no es la salida de la encrucijada. Bachelet pudiera no querer o no poder ser candidata. Peor aún, los chilenos bien pudieran valorarla por su desempeño y, a la vez, querer un líder diferente para el futuro. No es bueno poner todos los huevos concertacionistas en la misma canasta.

 

En el PS, la sombra de Bachelet es demasiado fuerte como para permitir el crecimiento de otros liderazgos. En el PPD, Carolina Tohá y los senadores Ricardo Lagos Weber y Guido Girardi son líderes naturales. Los dos primeros deben cortar su cordón umbilical con Bachelet, mientras que Girardi debe atraer adeptos más allá de su partido. El PRSD debe combatir la percepción de que sus candidatos sólo buscan negociar concesiones en la lista parlamentaria. Los camaradas DC deben aceptar que si La Moneda no viene a ellos, los presidenciables deben ir a buscar La Moneda. El discurso que hasta ahora ha primado en los presidenciables DC-como el senador Ignacio Walker, los alcaldes Orrego y Undurraga, desde hace ya un tiempo futuras promesas, y otros más improbables aspirantes- suena más a falta de ganas o a insuficiente arrojo que a un compromiso con proyectos colectivos.

 

Con un buen gobierno, la Alianza seguirá en La Moneda más allá de 2013, a menos que haya desafiantes atractivos que puedan arrebatarle el poder. Apostar a que Piñera hará un mal gobierno o poner todos los huevos en la canasta de la popularidad actual de Bachelet son opciones menos convenientes que establecer desde ya un mecanismo legítimo que permita la consolidación de nuevos liderazgos y demuestre que la Concertación aprendió de sus errores y está mirando hacia el futuro.