Inmejorable

Patricio Navia

La Tercera, agosto 23, 2010

 

Pocos chilenos estaban tan felices como el Presidente Piñera, que contra todas las razonables advertencias, apostó por una feliz resolución a la crisis de los mineros atrapados. Esa arriesgada apuesta está pagando muy bien. Su gobierno ha plasmado en una conmovedora experiencia su discurso de eficiencia y buena gestión y Piñera ha potenciado sus atributos de cercanía con la gente que más sufre. 

 

Como candidato, Piñera dejó en claro su afinidad a tomar riesgos, asumiendo posiciones políticas y estrategias electorales peligrosas. Incluso en visitas a terreno, Piñera ponía en peligro su integridad física. Su apuesta por un gabinete marcadamente técnico-que dejó a varios líderes políticos con las ganas de ser ministros- también fue riesgosa.  Los políticos tienden a huir del riesgo, porque el costo del fracaso es alto y la probabilidad de éxito reducida. Pero cuando las apuestas son exitosas, los dividendos son cuantiosos.

 

Ante el accidente de la mina San José, el Presidente volvió a correr riesgos. Cortó abruptamente una gira internacional para llegar rápido al lugar del accidente. Cuando lo razonable era bajar expectativas, Piñera insistió en su fe en que los encontrarían vivos. Aunque arriesgaba que su gobierno cayera cautivo de las labores de rescate, que las conmemoraciones del Bicentenario fueran opacadas por el dolor de las familias y que su propia aprobación se derrumbara ante un probable desenlace fatal, Piñera apostó riesgosamente a un final feliz.

 

A ratos, esta administración parece obsesionada con la popularidad de la ex presidenta. Para el Mundial de Fútbol, Piñera compitió por apropiarse de los logros de la Selección con una Bachelet abiertamente en campaña. Cuando presidenta, la popularidad de Bachelet se disparó precisamente debido a que ella tomó una opción riesgosa, al optar por una disciplina fiscal férrea en sus dos primeros años de gobierno, pese a la bonanza del cobre. Cuando en 2008 golpearon sorpresivamente los años de las vacas flacas, la apuesta de Bachelet rindió frutos. El gobierno se apreció de haber hecho lo correcto y Bachelet se convirtió en una presidenta querida y respetada.

 

Piñera hoy enfrenta una oportunidad similar. Si bien su conocida incontinencia lo llevó a retrasar el anuncio oficial del hallazgo hasta su llegada a la mina, permitió que un rescatista anunciara la buena noticia en improvisada conferencia de prensa y a leer en público una carta de un minero antes de que la pudiera leer la familia, Piñera es el gran ganador político de esta inmejorable noticia. El Presidente se ha visto como cercano, emocionado y preocupado de la gente. Su gobierno le ha puesto heroísmo al discurso de eficiencia -con el ministro

 

Golborne convertido en el mejor símbolo de la buena gestión. Mejor aún para Piñera, el éxito permite al gobierno despreocuparse del legado de Bachelet y concentrarse en seguir construyendo su propio legado.