Lecciones de la batalla del cobre

Patricio Navia

La Tercera, julio 10, 2010

 

Sorpresivamente, el cobre volvió esta semana a cruzarse en la intersección entre política y economía. La derrota del gobierno en el proyecto de royalty fue más costosa de lo necesario y se convirtió en una cómoda bandera de lucha para la oposición. La derrota importa más por los errores estratégicos y comunicacionales que desnudó este traspié, que por la pérdida de recursos para la reconstrucción. No obstante, para la Concertación, esta bandera de lucha amenaza con ser pan para hoy y hambre para mañana. 

 

De poco sirve ahora destacar que el gobierno logró más del 90% de los recursos para su plan de reconstrucción y que casi todos los elementos del proyecto fueron aprobados. Porque La Moneda dejó que el royalty se convirtiera en el símbolo de su iniciativa, el rechazo del Congreso empañó lo que debió haber sido una gran victoria para el gobierno. Tampoco ayudó la respuesta oficial ante la irresponsable, pero comunicacionalmente poderosa, contrapropuesta de la Concertación, que condicionó su apoyo al royalty a una reducción de ocho a cuatro años en la invariabilidad tributaria.

 

Al explicar el rechazo a la propuesta concertacionista con el argumento de que las mineras no aceptarían sólo cuatro años de invariabilidad, el ministro de Hacienda apareció más como el vocero de las mineras privadas que como el responsable de la billetera de los chilenos. Los gobiernos no son valorados por sus derrotas heroicas y principescas. Sí reciben laureles por sus victorias parciales que logran avances -aunque sean insuficientes- en la dirección correcta. Como bien aprendió la Concertación en 20 años, una victoria parcial siempre es mejor que una derrota general.

 

En una semana en que el gobierno pareció confundir humoristas con líderes de oposición y un ministro dejó escapar una desafortunada carcajada en el peor momento (cuestión hábilmente aprovechada por senadores centro-izquierdistas para aparecer como víctimas), la forma en que el gobierno manejó la negociación del royalty y administró su derrota parlamentaria evidencia que el gabinete de gerentes entiende más de números que de política. Es iluso esperar que el electorado castigue a la Concertación en tres años más por su rechazo al royalty. El sistema binominal nos garantiza que, pase lo que pase, la mayoría de los distritos igual se irán en partes iguales a la Alianza y la Concertación.

 

El bloque opositor, bajo cuyo mandato Codelco perdió su condición casi monopólica en la producción de cobre, encontró una bandera de estatismo, nacionalismo y unidad para sus huestes centristas de la DC e izquierdistas. Ahora que Augusto Pinochet no está, el cobre los une. Aunque es improbable que se escuchen voces -al menos ahora- pidiendo una nueva chilenización de la producción, sí lloverán las propuestas para que las mineras privadas contribuyan mucho más al desarrollo de Chile. No obstante, esa popular estrategia estatista representará costos a largo plazo. La Concertación fue exitosa, porque le dio un rostro humano al neoliberalismo. Si se aleja de las bases libremercadistas, perderá uno de los pilares de su éxito.

 

Como no tiene mayoría en el Senado, el gobierno debe privilegiar la democracia de los acuerdos. Eso implica resultados menos óptimos. Pero para ser tan exitoso como el gobierno de Aylwin, la administración concertacionista que más admira el Presidente Piñera debe aprender que para llegar lejos hay que usar las armas de la negociación, moderación y gradualismo.