¿Del femicidio al piñericidio?

Patricio Navia

La Tercera, Julio 7, 2010

 

No hay un solo modelo de estilo presidencial exitoso. En estos 20 años aprendimos que cada mandatario ha adoptado un carácter propio para comunicarse con la ciudadanía. Así como constituiría un error que Sebastián Piñera intente gobernar asemejándose al antecesor, es igual de equivocado que la elite crea que todos los Presidentes deben tener la misma forma de ejercer el poder.

 

Las recientes críticas al Presidente por sus estrategias comunicacionales y apariciones públicas parecen suponer que hay una sola forma de gobernar. Desde su propio campo, se le critica por no asemejarse a los modelos tradicionales de jefes de Estado de derecha. Desde la vereda concertacionista, se le acusa de querer aprovechar momentos comunicacionalmente para aparecer cercano a la gente.

 

Es comprensible que muchos en la derecha vean la sobriedad de Jorge Alessandri (1958-1964) como el modelo a seguir. Pero él fue electo cuando votaba uno de cada tres chilenos, cuando no había TV y el consumo de medios era mínimo. Alessandri bien pudo haber sido austero, pero la gran mayoría de la gente nunca lo supo. La realidad actual, altamente mediática, obliga a los mandatarios a una campaña permanente.

 

Bien pudiera ser que algunos en la derecha prefieran el de profesor con atisbos autoritarios de Lagos, pero los chilenos escogieron a Piñera conociendo su estilo hiperactivo, tics, verborrea y antipomposidad.

 

El Presidente actúa correctamente al intentar ser cercano con la gente y sería un error pretender hacerlo de una forma que no le resulte natural.

 

En la campaña, las encuestas mostraban que la gente veía en Enríquez-Ominami un candidato más cercano y simpático y que percibía a Frei como levemente más capacitado para ser Presidente. Pero Piñera era visto como más capaz de solucionar los problemas de la gente. Felizmente para él, ese fue el criterio que más pesó en los electores. Es innecesario pretender hoy ganar en atributos que no fueron decisivos en la elección.

 

La Alianza salió a fustigar la representación que el humorista Stefan Kramer hizo del Mandatario en "Halcón y Camaleón" y el contrapunto que se marcó con el "buen trato" que recibió Bachelet. La molestia también se instaló en Palacio, donde consideran que el espacio televisivo faltó el respeto al Jefe de Estado.

 

Las críticas desde la Concertación parecen presumir que ellos poseen el monopolio de la cercanía. Resulta insólito que aquellos que celebraron una práctica que Bachelet usó hasta el cansancio ahora acusen a Piñera de montar shows mediáticos.

 

A la luz de los discutibles resultados de algunos eventos comunicacionales, bien pudiera cuestionarse la habilidad de Piñera para realizar exitosamente el cometido o la capacidad de sus asesores para sintonizar con el sentir popular. Pero después que Bachelet derribó la Presidencia distante, resulta ilusorio pretender ahora dar marcha atrás.

 

Cuando reclamó por las críticas que recibía en su forma de ejercer el poder, Bachelet alegó ser víctima de un femicidio político. Para no ser comparado con su predecesora, Piñera difícilmente usará el término hombricidio. Sí debería usar el mismo principio de diferenciación al realizar la necesaria campaña permanente en los medios. En tanto sus apariciones se construyan a partir de sus fortalezas, promesas de campaña y   personalidad podrá ejercer la indispensable tarea de principal comunicador del gobierno que recae sobre los gobernantes modernos.