Los primeros cien días: inusual luna de miel

Patricio Navia

La Tercera, junio 16, 2010

 

En sus primeros cien días, el nuevo gobierno ha mostrado un balance entre continuidad y cambio. Pero estos últimos no han ido todos en la dirección prometida por Sebastián Piñera en su campaña. En tanto logre corregir errores -principalmente aquellos no forzados- y sepa escoger bien los cambios, manteniendo los fundamentos macroeconómicos e institucionales a los que nos acostumbraron los gobiernos de la Concertación, esta será una administración exitosa más allá de los 100 primeros días.

 

Aunque algunos en la Alianza crean que el resultado de la elección presidencial fue un desalojo y evidenció un rechazo a la Concertación, la verdad es que los chilenos apoyaron la idea del cambio en un contexto de continuidad. Piñera ganó porque supo representar un cambio moderado. La gente no quería que el país cambie de rumbo, quería ir más rápido y esperaba nuevos énfasis.

 

Después que su toma de poder fuera condicionada por el terremoto del 27 de febrero,  Piñera aprovechó exitosamente el discurso del 21 de mayo para delinear su estrategia de gobierno para los años que vienen. El discurso sorprendió por lo ambicioso en sus metas y moderado en su ideología. La Concertación quedó perpleja. Aunque destacaron su papel de oposición, no se oyeron críticas puntuales desde la Democracia Cristiana. Es más, mientras más se muevan el PS y el PPD a la izquierda, más tentadora será la idea de forjar alianzas con el gobierno -aunque no necesariamente con los partidos de la Alianza- para los legisladores DC.

 

Al consolidarse en posturas de centro, Piñera le ha robado varias banderas de lucha a la Concertación. Pero como la Concertación hizo lo mismo al apropiarse del modelo económico de la dictadura en 1990, el actual Mandatario puede reclamar los cien años de perdón para el ladrón que roba a ladrón. Mejor aún, ya que esas banderas de lucha concertacionistas produjeron buenos resultados para el país, todos ganamos cuando el nuevo gobierno decidió hacerlas propias. Es comprensible que la oposición no esté satisfecha con ver que aunque

 

Eduardo Frei perdió, muchas de sus ideas ganaron. Después de todo, a la Concertación también le importa haber perdido los puestos de gobierno. Pero para el resto del país, importa más que se adopten buenas políticas que el color político del gobierno que las adopte.

 

Pero el Ejecutivo debe combinar continuidad con cambio. La gente se acostumbra rápido a las nuevas caras y quiere ver resultados. El énfasis en una buena gestión gubernamental parece razonable, y es popular. Pero los errores en gestión y las fallas en nombramientos de confianza serán más costosos para un Presidente que prometió hacerlo mejor que la Concertación en ese ámbito. Las fallas no forzadas del gobierno de Piñera debieran ser menores y, cuando ocurren, debieran ser corregidas rápidamente. Demostrar una buena gestión debe ser un objetivo central de este gobierno.

 

La aprobación de la ley de reconstrucción -aunque no incluya todos los elementos iniciales- constituye una gran victoria para el gobierno. La gente no premia por derrotas, por más honrosas que sean. Es mejor tener ley de reconstrucción imperfecta que compartir costos con la oposición por no ser capaces de ponerse de acuerdo. 

 

Si bien muchos eran necesarios, algunos cambios no han sido saludables. La excesiva demora en solucionar sus conflictos de interés pendientes constituye lo más criticable de este gobierno. Se cumplen 100 días y el Presidente todavía no cumple su promesa de deshacerse de Chilevisión. Mientras más se demore, más alimentará las dudas sobre su verdadera postura respecto de la separación de lo político y lo empresarial. Porque ya pagó costos al nombrar un gabinete de gerentes -aunque también se beneficie en asuntos de gestión-, el gobierno está con tarjeta amarilla en temas de conflictos de interés.

 

Karl Marx decía que los hombres hacen su propia historia, pero bajo aquellas circunstancias legadas por el pasado. Piñera recibió a un país bien parado y recién golpeado por un sismo. En tanto logre cambios moderados en la dirección correcta y reduzca la cantidad de errores no forzados, su inusual luna de miel continuará.