Guerra Civil Concertacionista

Patricio Navia

La Tercera, junio 11, 2010

 

Aunque se expliquen a partir de rencillas históricas, las  razones de las guerras civiles son las disputas por recursos escasos. Las recientes declaraciones de Francisco Vidal contra los tecnócratas concertacionistas delinean la cancha para la compleja rearticulación centroizquierdista de cara a las elecciones del 2014. Como los dos primeros involucrados en la disputa son connotados ex ministros suyos, Michelle Bachelet debe tomar nota de que, al ser la presidenciable opositora mejor evaluada, deberá tener que tomar una postura o arriesgar que la indecisión afecte negativamente su liderazgo.

 

Bautizados como autoflagelantes y autocomplacientes, las dos almas concertacionistas constituidas en los '90 tenían interpretaciones opuestas sobre los logros y fracasos de Aylwin y Frei. Ambos grupos buscaban llevar la voz cantante en los futuros gobiernos. A juzgar por las políticas impulsadas bajo la administración Lagos, ganaron los autocomplacientes.

 

Las quejas de Vidal sugieren que los tecnócratas también ganaron con Bachelet. Es más, parece que fueron aún más neoliberales. Sin perjuicio de la ambiciosa red de protección social y  aumento del gasto público, el gobierno de Bachelet dejó más felices a los empresarios que a los ideólogos tradicionales de la izquierda.

 

En su defensa, el ex ministro de Hacienda señalaría que la gente de menos ingresos -grupo cuya defensa se atribuye la izquierda- quedó más satisfecha con la ex mandataria. Tal vez por eso, el contragolpe de Vidal evidenció más disgusto que las firmes pero respetuosas discrepancias entre autocomplacientes y autoflagelantes.

 

A comienzos de 2009, cuando la candidatura de Frei demostraba debilidades, no pocos barajaron la opción de Velasco como salvavidas. Las encuestas confirmaban su popularidad y asociaban la aprobación de Bachelet al buen manejo económico. Para segunda vuelta, también se especuló con la incorporación del economista a la campaña para hacerla más viable. En contraste, nadie sugirió incorporar a Vidal para fortalecer el desempeño de Frei.

 

Pero las declaraciones de Vidal importan, no por su débil sustento empírico, sino por sus implicaciones para la evolución de la crisis. La oposición necesita articular un mensaje atractivo para reconquistar a una mayoría y el principal conflicto está entre aquellos que ven al Estado y mercado como polos opuestos y los que creen que el Estado es esencial para que los mercados funcionen bien. Con sus declaraciones, Vidal busca convertirse en vocero de los primeros y atribuye a Velasco la representación de los segundos. Además de la inconveniencia para los estatistas de reconocer como líder rival al más político de los tecnócratas, los dichos del historiador PPD reconocen el popular concepto de disciplina fiscal como patrimonio de Velasco y los suyos.

 

La guerra civil concertacionista tendrá de escenario el debate sobre política fiscal y el papel del Estado en una economía de libre mercado. Los aspirantes presidenciales para el 2014 deberán transparentar sus posturas e, indirectamente, anunciar si están más cerca de uno o el otro. Si bien todos llamarán al diálogo, no tener el aparato de Estado hará más difícil construir la paz a partir de la asignación de cargos de confianza que influyan sobre políticas públicas. Peor aún, si no toman posturas, los abanderados concertacionistas demostrarán poco liderazgo, componente necesario para construir una opción potente. Nadie se salvará de esta guerra civil que, utilizando códigos históricos que facilitan la asociación ideológica, comienza a rayar la cancha para la resurrección concertacionista.