Embajador historiador

Patricio Navia

La Tercera, junio 8, 2010

 

Aunque ya es de por sí malo que la polémica que desató el embajador en Argentina reviva la polarización de los difíciles años de la dictadura, las implicaciones de la amonestación que haga el gobierno a Miguel Otero se sentirán por el resto del mandato del Presidente Piñera. Si Otero no es sancionado, habrá un precedente negativo que permitirá a otros personeros de confianza justificar sus desaciertos a partir de la excusa de las "declaraciones personales". La Moneda debe aprovechar esta ocasión para enviar una señal clara a los funcionarios de confianza que este gobierno habla con una sola voz.

 

Un académico podría argumentar que los dichos del representante chileno son, desde una perspectiva, ciertos. Ya que el gobierno de la UP no tenía mayoría parlamentaria y porque el descontento popular contra el régimen militar se evidenció con fuerza sólo después de la crisis económica de 1982, es plausible sugerir que una mayoría de los chilenos no fue afectada directamente por los aspectos más nefastos de la dictadura. Pero ese  análisis histórico pertenece a los claustros, no al púlpito de una embajada. Menos en una entrevista de presentación en sociedad en un país vecino. Peor aun cuando ese país sufrió de una dictadura que cometió dramáticas violaciones a los derechos humanos. No era el momento ni era el lugar para tal debate.

 

Cuando un embajador genera noticia, es porque ha ocurrido algo malo. Cuando todo lo malo han sido las declaraciones del embajador, el gobierno que le confirme su confianza tendrá que asumir los costos políticos.

 

Para Piñera este escándalo es poco grato por tres razones.

 

1.- Despierta los fantasmas del pinochetismo. Tras despejar dudas sobre su intención de potenciar una derecha renovada y comprometida con los derechos humanos, estas declaraciones proveen de municiones a aquellos que, sabiendo lo dañino que resulta para la derecha asociarse a la memoria de Pinochet, se esmeran en alegar superioridad moral por haberse opuesto a la dictadura.  

 

2.- Las declaraciones indisponen al gobierno con su par argentino.  Porque ya tenemos problemas con nuestros otros dos vecinos, lo menos que necesita el gobierno es generar tensiones con el tercer país limítrofe. Los embajadores deben trabajar para suavizar relaciones. Cuando sus actos o dichos alimentan tensiones, no están haciendo bien su trabajo.

 

3.- Las declaraciones desvían la atención de los temas prioritarios del gobierno. Después de un comienzo desordenado por sismos, errores propios y factores externos, el gobierno había dado una saludable señal de orden con el discurso del 21 de mayo. La entrevista del embajador vuelve a desordenar la agenda de una administración, cuyo tiempo para ajustarse en el poder se está acabando. 

Las relaciones de amistad y respeto que unen a Piñera con Otero explican su nombramiento. Esas mismas debieran llevar a Otero a entender que, mientras se mantenga en el cargo, el costo de su error lo terminará pagando todo el gobierno.