Sobreexposición

Patricio Navia

La Tercera, marzo 15, 2010

 

Al someterse a una excesiva exposición mediática en sus primeros días, Piñera arriesga desgastar prematuramente su imagen. Porque su gobierno dura cuatro años, el Presidente debe descentralizar la administración del poder, generando espacios para sus ministros y colaboradores, y reservando su posición para los grandes mensajes y momentos clave.

 

Este será un periodo presidencial intenso. Después de 20 años de gobierno centroizquierdista, la derecha llegó al poder precedida de una devastadora catástrofe. Entendiendo que no tiene demasiado tiempo para mostrar resultados, Piñera ha iniciado una apresurada carrera contra el tiempo.

 

En su afán por demostrar urgencia e inmediatez, el Mandatario se ha convertido en el centro de su administración. Las numerosas vocerías que ha realizado y su permanente aparición en los medios despejan dudas sobre su estrategia comunicacional. Emulando una práctica que popularizó el Presidente colombiano, Alvaro Uribe, Piñera parece querer demostrar personalmente que el gobierno está en terreno. Pero el éxito de Uribe se explica porque sus predecesores dejaron legados discretos, las instituciones no funcionaban adecuadamente y la amenaza de la guerrilla hacía tambalear la democracia.

 

En Chile en cambio, las instituciones funcionan. Si bien el terremoto nos golpeó, el país viene saliendo de una exitosa etapa en términos de crecimiento, consolidación democrática y reducción de la pobreza. Los chilenos votaron por apurar el tranco, no por un cambio de rumbo y Bachelet sigue gozando de una enorme popularidad. Por ello, él debe demostrar prisa, pero no desesperación.

 

En la medida que logre que la gente perciba a todos sus colaboradores trabajando con la misma intensidad, Piñera podrá despersonalizar su gobierno. De lo contrario, arriesgará que el primer gobierno de centroderecha en Chile sea mucho más de Piñera que de la Alianza. Peor aún, que cuando llegue la hora de corregir errores, Piñera tendrá que asumir personalmente el costo político personal de los inevitables errores de los primeros meses.