Eficiencia Versus Cariño

Patricio Navia

La Tercera, marzo 13, 2010

 

Michelle Bachelet construyó su popularidad (85% según la última encuesta de La Tercera) a partir de su cercanía con la gente. Sebastián Piñera, en cambio, busca hacerlo a partir de la buena gestión. Cuando se basa en el cariño, es improbable que la aprobación se derrumbe por errores de diseño o implementación de políticas públicas. En cambio, cuando se construye a partir de promesas de eficiencia, el apoyo dependerá de resultados concretos.

 

El terremoto transformó la luna de miel de Piñera en una tregua. Después de rechazar el llamado a un gobierno de unidad nacional, la Concertación aceptó implícitamente un cese al fuego después de la catástrofe. Pero como Piñera llegó al poder prometiendo mejoras en la gestión pública, será la propia gente la que le cobrará la palabra muy pronto.

 

La impaciencia de una ciudadanía que no tiene una relación de aprecio personal con el Presidente y las urgencias de una reconstrucción que debe mostrar resultados antes del invierno han arrinconado a Piñera en una difícil posición. Apenas iniciado su gobierno, el Mandatario, que prometió que su gobierno trabajaría las 24 horas y los siete días de la semana para mejorar la calidad de vida de los chilenos, debió abandonar la estrategia de bajar expectativas.

 

Ahora ya no se puede intentar aclarar que el millón de empleos era una promesa a cumplirse en cinco años. Hay que construir techos antes de que llegue el mal tiempo. Además, en un país donde los ciudadanos saben sus derechos, no basta con cualquier solución habitacional.

 

Afortunadamente para Piñera, estar arrinconado en la esquina de la eficiencia le permite usar sus mejores herramientas. Su gabinete lo nombró privilegiando la gestión y los resultados rápidos. Aunque carecen de habilidades políticas, sus ministros rebosan de capacidad administrativa. Si logran entender el complejo funcionamiento del Estado y aprenden a navegar las aguas de las leyes, reglamentos y decretos, el gabinete funcionará a toda máquina antes de la llegada de los temporales que regularmente desnudan la obstinada pobreza y desigualdad en nuestro país. Ya que difícilmente puede aspirar a iguales muestras de cariño de las  que provocaba Bachelet, Piñera acierta en pedir que su gobierno sea medido por la eficiencia de su gestión.

 

A diferencia de Lagos, que fue despedido con vítores por los empresarios en 2006, Bachelet dejó La Moneda aplaudida por la gente de menos ingresos. Si Lagos y Frei insinuaron su intención de volver, Bachelet dejó que la gente humilde hable de su regreso en 2014. Pero bastará con que Piñera muestre una gestión ejemplar para relegar a Bachelet a un segundo plano. Cuando hay crisis, la eficiencia derrota a la cercanía. Al llegar arriba de un helicóptero prometiendo buena gestión y rapidez, Piñera ha subido la apuesta que le permitió la victoria en enero. Si la vara para medir a Bachelet fue el cariño y la preocupación por los más necesitados, con su red de protección social y reforma de pensiones, la vara para medir a Piñera será el éxito y la rapidez de la reconstrucción.

 

Como el cariño no lo derriba un terremoto, la sombra de Bachelet perseguirá a Piñera por el lado de la cercanía y la solidaridad con los que sufren. Pero Piñera podrá ganarse el respeto y el agradecimiento de la gente si su gobierno satisface las altas expectativas de agilidad, rapidez y efectividad que el recién asumido Gobernante se esmeró en generar durante la campaña y, en especial, desde el sábado 27 de febrero.