En busca del equilibrio perfecto

Patricio Navia

La Tercera, febrero 17, 2010

 

Desde el retorno de la democracia, los nombramientos de subsecretarios han servido para balancear los gabinetes. Ahora que Piñera adoptó nuevos criterios para nombrar ministros, la incertidumbre sobre qué prioridades se privilegiarán en los subsecretarios ha generado más dudas -y por cierto más debate y presiones- que lo que ocurriría bajo los gobiernos anteriores.

 

La Concertación regularmente usó el equilibrio -o cuoteo- político como principal criterio para nombrar subsecretarios. Normalmente, éste pertenecía a un partido diferente al del ministro. Desde el gobierno de Lagos y con más fuerza en el de Bachelet, también se privilegió el equilibrio de géneros. 

 

Estrictamente hablando, la tarea de un subsecretario supone más habilidades técnicas y administrativas que políticas. Aunque el ministro es el rostro más conocido, el subsecretario toma la mayoría de las decisiones administrativas y de personal.

 

Pero en tanto Piñera privilegió un gabinete técnico y gerencial que partidista, hay razonables dudas de qué hará con estos nuevos nombramientos.

 

Si privilegia lo técnico, reproducirá las fortalezas y debilidades de sus ministros. Si corrige la poca representación de los partidos, pondrá militantes en los puestos donde se requieren más capacidades técnicas. Si encuentra personas con altas habilidades técnicas y experiencia política, muchos pensarán que sus subsecretarios debieron haber sido sus ministros.

 

Al nombrar su gabinete, el Presidente electo dejó fuera a parlamentarios en ejercicio. Por cierto, el nombramiento de legisladores  debiera ser una práctica excepcional. Pero más que defender ese principio, la exclusión de parlamentarios pareció buscar dejar fuera a Pablo Longueira. O al menos, esa percepción se instaló en la plaza.

 

Aunque su estilo polémico hubiera traído costos, su presencia en el gabinete le hubiera dado a Piñera mayor control sobre el políticamente ambicioso senador gremialista. Nada mejor para comprometer la disciplina de la UDI que tener la posibilidad de dañar las aspiraciones presidenciales de su mejor carta. Ahora, si su gabinete se debilita pronto, Piñera se verá forzado a incorporar a un empoderado Longueira. 

 

Con su nuevo criterio para nombrar ministros, Piñera involuntariamente dio una renovada importancia al nombramiento de subsecretarios. Si recula en su prioridad por la gestión y nombra demasiados políticos, se verá débil ante los partidos, pero afirmará su base de apoyo en el Congreso.

 

Si confirma su prioridad por la independencia, pagará más costos con la UDI y RN, pero evitará la percepción de que éstos le doblaron el brazo.

 

El anuncio de su nuevo equipo de viceministros dejará en claro dónde está el punto de equilibrio entre la que ahora se ha convertido en una artificial, pero inevitable tensión entre militancia partidista y habilidades técnicas. También demuestra que, a diferencia de lo que ocurre en una empresa, los gobiernos son inseparables de la política.