Ravinet: ¿Héroe o villano?

Patricio Navia

La Tercera, febrero 10, 2010

 

El nombramiento del militante PDC y ex ministro Jaime Ravinet en el Ministerio de Defensa lo convierte en el principal fichaje concertacionista en el nuevo gobierno. Aunque ya ha sido acusado de traición, en tanto la defensa nacional debe ser política de Estado, el ex alcalde de Santiago puede aceptar ese nombramiento alegando servir al país. Si bien los dos conceptos son contrapuestos, al incorporarse al gabinete, Ravinet se convierte en héroe para unos y en villano para otros.

 

Puesto que la protección del territorio nacional debe ser una cuestión de Estado autónoma de los vaivenes políticos, Defensa es un lugar natural para incorporar políticos de oposición. En Estados Unidos, Bill Clinton nombró al senador republicano William Cohen en Defensa en 1997, al iniciar su segundo período. Recientemente Barack Obama le pidió a Robert Gates, titular de Defensa del saliente gobierno de George W. Bush, mantenerse en su cargo.

 

Porque ya ocupó esa cartera durante el gobierno de Lagos, el nombramiento de Ravinet subraya que en defensa nacional no debe haber grandes diferencias entre la Concertación y la Alianza. Si mantiene las prioridades de su primer período en defensa -y añade además la reforma a la ley reservada del cobre, que asigna el 10% de las ventas de Codelco a la compra de armas- su gestión podrá ser todavía más exitosa que su correcto primer desempeño en esa cartera.

 

A sus 63 años de edad, Ravinet parecía más encaminado al retiro de la política que a formar parte de una generación de recambio. Después de ser nombrado alcalde de Santiago en 1990 por Patricio Aylwin y luego de ganar la reelección en 1992 y 1996, Ravinet desistió de buscar un tercer período en 2000.  Su incapacidad para ganar adeptos dentro de su partido frustró sus aspiraciones presidenciales. En diciembre de 2000 fue nombrado en Vivienda por Ricardo Lagos. En septiembre de 2004, Lagos lo movió a Defensa, donde sirvió hasta marzo de 2006. Su desempeño se centró en mejorar la gestión. Una anécdota es que su humor le jugó una mala pasada cuando se trenzó en un violento encontrón físico con el controversial activista Luis Rondón en noviembre de 2003.

 

Pero el momento más bajo en su carrera fue su intento por volver a la alcaldía de Santiago en 2008. Después de montar una campaña centrada en su decenio como alcalde ("lo echábamos de menos"), alcanzó sólo el 36%. Olvidando que las elecciones se tratan más de los electores que de los galardones de los candidatos, el error de Ravinet se convirtió en uno de los símbolos de los frustrantes resultados obtenidos por la Concertación en esa contienda.

 

Al entrar al gabinete, Ravinet pone en problemas a su partido. Si bien parece inconveniente -y electoramente impopular- oponerse a la democracia de los acuerdos, el PDC debe evitar una desafiliación traumática de Ravinet. Lo más razonable es aceptar la renuncia que presentó ayer al partido. No faltarán las voces que pidan su expulsión, pero Ravinet no se lo merece. Acepta un puesto para promover políticas de Estado. El PDC pagará costos si aparece más preocupado de sus disputas internas que del país. Por más que lo sientan como traidor, lo mejor ahora es recordar que, dentro del PDC, Ravinet ya no tenía espacios ni aspiraciones. Su alejamiento real del partido se produjo hace bastante tiempo.

 

Piñera ha cumplido la promesa de incluir concertacionistas en su gabinete, aunque su evolución política haga de Ravinet uno de los menos concertacionistas que han sido ministros en estos 20 años. Con su nombramiento, Piñera no cumplió la promesa de rostros nuevos y de representar la diversidad de Chile. Las trayectorias personales y políticas de Piñera y Ravinet se asemejan. El énfasis en eficiencia y gestión, olvidando que gobernar es una cuestión profundamente política, pudiera ser un error. Pero en Defensa, esa prioridad es la adecuada.