Mi voto y la relación entre políticos y columnistas

Patricio Navia

La Tercera, enero 10, 2010

 

La injustificada filtración de parte de un intercambio de correos electrónicos entre Sebastián Piñera y el que suscribe puso en evidencia la cercana relación que existe entre políticos y columnistas.

 

Ya que los analistas que escriben de política tenemos intereses comunes con aquellos que se dedican a la política, es inevitable que se produzcan acercamientos, diálogos e incluso amistad. Para realizar análisis más completos, los columnistas necesitamos información que manejan los políticos. Estos saben que pueden influir en temas utilizando la información que poseen. Precisamente porque nos interesamos sobre las mismas cosas desde veredas diferentes, se crean lazos. A veces esa relación es de respeto. Otras, de desprecio mutuo. Casi siempre, hay algo de amor y odio.  

 

El poder nos seduce a ambos. Cuando los políticos entran al mundo de los columnistas, a menudo sus artículos son predecibles e interesados en avanzar agendas políticas. Los columnistas que hacen política tampoco tienen éxito. Lo suyo pasa por narrar y analizar los goles, no por jugar en la cancha.

 

Los columnistas tenemos preferencias políticas y es difícil abstraerse completamente de ellas. Evaluar un acontecimiento político no es lo mismo que leer un resultado de examen médico o una hoja de balances comerciales. La política es más difusa y está sujeta a interpretaciones. Soy un convencido de que la forma más conveniente de enfrentar el problema es transparentando el lugar desde donde se escribe y los potenciales conflictos de interés que pudieran existir.

 

Ya que necesitamos insumos para los análisis, los columnistas mantenemos contacto fluido con políticos de todos los colores. El diálogo debe mantenerse reservado. El off the record permite intercambiar información y visiones. Un periodista debe proteger el anonimato de sus fuentes. A un analista que hace público el contenido de conversaciones privadas difícilmente se le confidenciará información clave en el futuro. La obligación de mantener la reserva también es cierta para los políticos: un político que filtra un correo electrónico o que no cuida la privacidad de su correspondencia difícilmente recibirá información sensible.

 

En mi intercambio de correos electrónicos con Piñera, le informaba que votaría por él en segunda vuelta y que transparentaría esa decisión, como por cierto lo hice también en primera vuelta.  Ahí voté por Marco Enríquez-Ominami. Al díscolo diputado lo apoyé desde que éste manifestó su deseo de ser nominado por la Concertación y me defraudó que el PS cambiara las reglas del juego para evitar que participara en las primarias. Mi afinidad con la coalición gobernante se funda en un compromiso democrático, y al haber impuesto un abanderado desde las cúpulas partidistas la Concertación le dio la espalda a ese compromiso.

 

Como mis correos fueron hechos públicos desde el círculo cercano de Piñera, la filtración de parte de ese intercambio me obligó a hacer lo mismo con el contenido completo del intercambio (latercera.com). Pero mi intención era transparentar mi decisión a través de una columna, mañana, después del último debate, en la que daría a conocer, además, las dudas que le planteé para apoyarlo. 

 

En el diálogo le expresé al candidato tres aprensiones sobre un posible gobierno suyo. Primero, la presencia de pinochetistas en puestos clave. Piñera tiene una gran oportunidad para demostrar que la derecha puede tener éxito gobernando sin la sombra de la dictadura, tal como la Concertación lo hizo enterrando el pasado de la Unidad Popular. La segunda aprensión es respecto de la diversidad.  En vez de que sea un gabinete de club de Cachagua, su gobierno debe reflejar la diversidad social y de orígenes de Chile. La tercera aprensión es sobre los conflictos de interés entre el Piñera empresario y el político. En las dos primeras aprensiones, Piñera sólo puede despejar dudas después del 17 de enero. Respecto a la tercera aprensión, el candidato de la Alianza está claramente en deuda. La respuesta de Piñera me pareció satisfactoria. El candidato, privadamente, pero por escrito, garantizó que ninguno de esos temas sería un problema en su gobierno.

 

Para que la democracia funcione, los electores deben tener al menos dos opciones razonables entre las que puedan libremente escoger. No es la tradición en Chile que los columnistas explicitemos nuestras preferencias. Pero el transparentar el voto no busca convencer a otros. En tanto más información tengan los lectores, mejor pueden evaluar el contenido de lo que leen. Mientras exista la prensa, habrá aquellos que explican y analizan los hechos ante la opinión pública. Estos analistas estarán siempre cerca del poder. Para evitar la seducción que implica pasar de observador a asesor o político, la transparencia desde donde se escribe y sobre los potenciales conflictos de interés es una buena barrera de contención.