Candidato sin partidos

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 30, 2009

 

Eduardo Frei busca hacerse cargo del "descontento ciudadano con la forma en que se hace política" al tomar distancia de los partidos, los mismos sobre los que basó su argumento de superioridad sobre Marco Enríquez-Ominami en primera vuelta. A su vez, reconociendo que las críticas del senador tenían mérito, el diputado ex PS busca formar un nuevo partido.

 

Si la iniciativa de Enríquez es extemporánea, la declaración de Frei ignora que el problema de la Concertación está en que sus partidos funcionan mal. En vez de anunciar prescindencia, el abanderado debe forzar el cambio que las colectividades necesitan.

 

Como candidato, Enríquez dijo que sin partidos no hay democracia pero, por otro lado, hizo esfuerzos débiles para crear una tienda alternativa. Al formar su propia lista parlamentaria, desechó la tesis de convertir la primera vuelta en primarias concertacionistas y convertirse, por la fuerza de los votos, en el candidato oficialista. La lista parlamentaria del diputado, sin embargo, sólo obtuvo el 4,6%: la mayoría del 20% que lo apoyó en la primera vuelta prefirió postulantes de la Concertación al Congreso.

 

En primera vuelta, Frei correctamente fustigó a Enríquez por no tener partidos. La consigna parecía ser que sin estos no hay democracia, hay populismo. Ahora, en segunda vuelta, Frei marca distancia con esos mismos partidos que son barrera de contención contra el populismo. Y, olvidando que su nominación emanó de la voluntad de esas colectividades y no de un mandato popular, toma una decisión electoralmente atractiva, pero estructuralmente equivocada. Sin partidos no hay democracia. Pero con partidos que no funcionan bien, la democracia funciona mal.