La década de los presidentes socialistas

Patricio Navia

Anuario La Tercera, diciembre 2009

 

La década política se inició con la victoria de Ricardo Lagos en la segunda vuelta de enero de 2000 y terminó con la primera vuelta de la contienda que escogerá al sucesor de Michelle Bachelet. Lagos (aunque formalmente milite en el PPD) fue el primer socialista después de Allende en llegar a La Moneda. Bachelet, inequívoca militante socialista, fue la primera mujer en hacerlo. Chile vivió una década bajo presidentes socialistas. Ambos tuvieron la sombra de dos personajes clave en los últimos 40 años: Salvador Allende y Augusto Pinochet. Pero el éxito de Lagos y Bachelet radicó en que lograron sepultar los fantasmas del pasado y sentaron las bases del socialismo chileno del siglo XXI.

 

La llegada de Lagos al poder estuvo rodeada de temores y fantasmas. En octubre de 1998, el arresto de Pinochet en Londres había subrayado las debilidades y fortalezas de nuestra transición. Debilidades, porque el mundo nos reprendió por no haber creado condiciones para que se hiciera más justicia por las violaciones a los derechos humanos y por no eliminar los amarres institucionales de la Constitución de 1980, aunque el arresto de Pinochet amplió los límites de la justicia y terminó de socavar los cimientos autoritarios. Fortalezas, porque, no obstante la tensión inicial, nuestra democracia sobrevivió bien, pese a la amenaza del propio Pinochet ('si se toca a uno de mis hombres, se acaba el estado de derecho'). El general fue enviado de regreso antes de que asumiera Lagos. El 3 de marzo, ya en Chile, al bajar del avión, se puso de pie y caminó. Cuando fue trasladado al Hospital Militar, su comitiva voló sobre La Moneda. Fue la primera y última vez en la década que se percibió tutela militar sobre la democracia.

 

La toma de poder de Lagos también tuvo al fantasma de Allende. El 11 de marzo de 2000, un socialista volvía al Palacio donde, 26 años antes, Allende se había suicidado. Al saludar por primera vez desde La Moneda, Lagos dijo: "Si la imagen de la destrucción de este Palacio quedó grabada en la conciencia humana… esta tarde los invito a trabajar para que esta casa sea… un símbolo universal de la capacidad del hombre de sobrevivir respetando los derechos de otro hombre". Dos meses antes, el 16 de enero, al confirmarse su triunfo en segunda vuelta, habló desde el Hotel Carrera: "Gracias por estar aquí, Tencha Allende, representante de la dignidad de Chile", y luego se declaró, a diferencia del ex mandatario, como "el presidente de todos los chilenos". A comienzos de esta década, el nombre de Allende todavía incomodaba.  Al final, Allende pertenecía a los anales de la historia.

 

El gobierno de Lagos tuvo muchas más luces que sombras. La lista de éxitos opacará con creces sus fracasos. Tanto así, que dejó el poder en medio de alta popularidad, entregando la banda presidencial a la primera mujer en ocupar el cargo, otra socialista. El lugar de honor de Allende en la historia se consolidó en parte porque otro socialista culminó un buen gobierno 30 años después.

 

Cuando asumió el poder, Bachelet ya tenía asegurado su lugar en la historia. Aquella primera foto de una mujer con la banda presidencial opacará cualquier otra luz y cualquier sombra de su cuatrienio. Si bien falta para emitir el juicio sobre su legado, su récord de popularidad, su mensaje de renovación, la noción de gobierno ciudadano y la democracia desde abajo hacia arriba le sobrevivirán. De igual forma, la red de protección social, la educación preescolar y la paridad de género simbolizan una democracia más incluyente. Uno de sus legados menos comentados será haber presidido sobre el fin del fantasma de Pinochet. Bachelet, correctamente, no le otorgó funerales de Jefe de Estado. En derechos humanos, la Mandataria cerró el ciclo. Una mujer que fue víctima de las violaciones a los DD.HH. ocupó el sillón de La Moneda.

 

Estos 10 años de gobiernos socialistas transformaron Chile. Para bien. El país creció y se globalizó. Presidentes socialistas firmaron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Europa, reformaron la Constitución de 1980 para hacerla más democrática, lograron la elección directa de alcaldes, implementaron un amplio  programa de garantías en servicios de salud e impulsaron una reforma al sistema de pensiones heredado de la dictadura, ampliaron las libertades, desarrollaron infraestructura. También cometieron errores (Transantiago, casos de corrupción, distanciamiento de nuestros vecinos). Pero ambos salieron del poder con más aprobación que cuando asumieron. 

 

En estos 10 años, el pasado entró a los libros de historia. Las luces de sus legados superan las sombras. El país es más incluyente y hay más justicia social. Chile nunca estuvo mejor que ad portas del Bicentenario. Pero la desigualdad sigue siendo una deuda pendiente de esta década en que socialistas gobernaron La Moneda. Lagos y Bachelet ocuparon con grandes logros, cariño popular, respeto institucional y admiración mundial el sillón que otrora ocupó Allende. Para los socialistas del futuro, aunque su inspiración siga siendo Allende, el modelo de gobierno será más el republicanismo de Lagos, la preocupación por los más desposeídos de Bachelet y la férrea disciplina fiscal mezclada con un énfasis en el pragmatismo y el gradualismo que caracterizaron la década de gobiernos socialistas en Chile.